Millones contra derechos humanos

Existen varias fórmulas simples: la inmoral riqueza de los grandes millonarios es la causante directa de la hambruna que padece en el mundo. O dígase con otras palabras: la hambruna es tan consustancial a la pobreza, como la injusticia lo es a la riqueza. Una última: matemáticamente, mientras más crecen las grandes fortunas, pues en la misma medida también las grandes masas hambreadas. Claro, me estoy refiriendo a las descomunales riquezas de los multimillonarios, como Elon Musk (700 mil millones), Larry Page (257 mil millones) y Jeff Bezos (245 mil millones).

Naturalmente, a ese gran mundo sórdido y carente de sentimientos humanos elementales hay que añadir a cientos y cientos de millonarios con menos millones, pero candidatos por su honesta labor a alcanzar el alto nivel de aquellos otros. Constituyen, en su conjunto, algo así como un entramado cancerígeno que roe a esta humanidad.

Vea usted  este dato curioso según fuente en la red: para eliminar el hambre que padecen  los más de 123 millones de personas,  aunque las cifras oscilan, se requiere 16 mil 900 millones y más de 300 mil al año. Y algo tan asombroso como cruel es que esa cifra equivale a lo que el mundo gasta en café en solo dos semanas. Y qué decir de los fabulosos gastos del mundo rico en guerras, incluyendo las mediáticas, frivolidades, chismes de alcoba, artículos de lujo, boutique para perros, y todo lo demás que usted muy bien puede imaginar.

Y todavía algunos aplauden el gran desinterés de Elon Musk, candidato a ser el primer trimillonario de esta humanidad, el que, en ejercicio de una filantropía  barata, ha donado, según datos de Food and Agriculture Organization, la cantidad de 260 millones para combatir la pobreza en el mundo.

Y en este caso, le pido por favor que me ayude, para no incurrir en errores: si queremos conocer que por ciento representa la cifra señalada de su caudal total que asciende a 700 mil millones, por tanto, obviamente, debemos dividir 260 entre 700 mil. Entonces se comprobará que la cifra es una fracción extremadamente más pequeña del 1%  o dicho de otra manera, una cantidad ridícula y ofensiva.

Ahora viene a mi mente: Es algo así como un hombre que está degustando manjares de todo tipo en un restaurante de lujo, se acerca un niño mendigo y le suplica algo de comer. Y entonces él, en un “gesto de compasión”, le entrega un pedacito de pan que, ni siquiera, cubre la manito del niño.

Todo esto, sin lenguaje edulcorado, constituye una gran ofensa a esta humanidad que tanto sufre. Es un insulto a los millones que, incluso, mueren por causa del hambre;  y es algo de una morbosidad extrema saber que entre tantos millones de seres se incluyan criaturas que ni siquiera se han asomado a la vida y mucho menos llegarán a conocer lo estipulado por las Naciones Unidas con relación a sus derechos

‘¿Se quiere mencionar algo más patético?, Pues la gran verdad está delante de nosotros. Véala como no se inmuta, solo es indiferente y hasta se ríe porque nosotros denunciamos tanta barbarie.

Quien escribe estas líneas tiene el respeto como una condición en su modesto bregar, sin embargo, creo que hay que señalar a los culpables por su nombre, y su actuar pecaminoso en esta humanidad que ya no resiste la evasión de muchos, la ingenuidad de tantos otros, y la indiferencia. Todos los días leo sobre el tema de la hambruna, y todos los días llego a un pesar profundo al comprobar la inacción de muchos.

Dígase organizaciones de Derechos Humanos con su cantaleta ya petrificada y simplona de denunciar a los culpables; gobiernos raquíticos que no quieren molestar a Don Dinero; la propia ONU que entre sus funciones no está llamar por su nombre a los culpables;  Organizaciones religiosas con pronunciamientos ambiguos y/o rezos, incluyendo al propio Estado del Vaticano que suplanta el derecho por el rezo.

Y entonces… ¿qué hacemos? ¿Acostumbrarnos a que se mantenga el hambre en el mundo?, ¿Ver morir por esa causa a niños, mujeres, ancianos? ¿Sentarnos en un pedestal bien alto para ser observadores pasivos, ¡y criminales!, de tanta maldad humana?

Por más vueltas y vueltas que se le dé a este asunto tan penoso, siempre llegaremos al mismo deber: la denuncia y la lucha permanente, sin ambigüedades,  declararando el nombre del asesino y no resumirlo todo en que son “fuerzas beligerantes que deben dialogar”. Basta ya, no hay otras alternativas, o se lucha, cada quien, con sus propias fuerzas, perecemos o, en el peor de los casos, serviremos de alfombra roja al gran señor de enfrente.

“El egoísmo es la mancha del mundo, y el desinterés su sol”.
José Martí

Autor

  • Silvio J. Blanco Hernández

    Silvio José Blanco Hernández. Colaborador del Portal de la Radio Cubana. Destacado y multipremiado periodista, escritor, asesor y analista de información. Es autor de libros como "La radio, técnica, arte y magia", y "Los programas informativos de la radio... Y algo más", entre otras obras y materiales investigativos con importantes aportes metodológicos al medio radial.

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