Cuando gracias a la ayuda rusa un barco de ese país eslavo descargó en puerto cubano más de 700 mil barriles de petróleo en medio del intento de asfixia energética por el gobierno de Estados Unidos, más de medio centenar de congresistas norteamericanos condenaron el prolongado bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la Isla.
Ambas acciones marcan la agenda mediática de estos días y demuestran parte de la solidaridad con la Isla, que se extiende como un abrazo desde México, entre otros países, y en forma de entrega de donativos por activistas del mundo.
El primer hecho cobra inusual relevancia, pues el aporte de combustible a través del petrolero Anatoli Kolodkin, permite, según directivos de la Empresa Cupet, destinar la distribución al servicio de gas licuado, así como diésel para la generación distribuida de electricidad y reactivar actividades esenciales de la economía.
También se producirá fuel oíl para centrales generadoras y gasolina con el objetivo de paliar las necesidades de ese demandado producto en el país.
Sin dudas, el arribo del “Kolodkin” devino todo un acontecimiento mediático y social ya que constituye el primer cargamento de petróleo que llega a este país caribeño en los últimos tres meses, tras el cerco energético impuesto en enero último por la administración estadounidense de Donal Trump.
Ya las propias autoridades de Rusia, país al que nos unen desde antaño como cubanos entrañables lazos de amistad, anunciaron los preparativos para el envío de otro barco petrolero, lo cual se agradece por Cuba y el resto de la comunidad progresista internacional.

El propio vicepresidente ruso, Serguéi Riabkov, reiteró recientemente que Moscú y La Habana interactúan desde hace décadas en temas encaminados a propiciar un alto desarrollo humano, avances de sectores como ciencia y educación e intercambios culturales, humanos y en las artes.
Marca el espectro informativo también, como segundo acto referido- la declaración de un grupo de 52 congresistas de la nación norteña -entre senadores y representantes-, los cuales enviaron una carta a Trump, en la que condenaron la genocida política.
A través del texto, cuyas firmas encabezan Gregory Meeks, líder de la minoría del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, y Tim Kaine, líder de la minoría del subcomité de Relaciones Exteriores del Senado para el Hemisferio Occidental, los legisladores denunciaron las más recientes medidas coercitivas que persiguen el colapso de la economía cubana, y también las consecuencias del bloqueo imperialista.
En el documento, en síntesis, los congresistas llamaron a la administración Trump a que adopte un nuevo enfoque que permita mejorar las relaciones bilaterales y favorezca condiciones más humanas para la población cubana.
Tales personalidades plasmaron en el documento: “Insistir en estrategias fallidas restringiendo el acceso a la energía y la atención médica es contrario a los valores estadounidenses y exacerba innecesariamente una crisis humanitaria”.
Organismos internacionales, representantes norteamericanos y personas de buena voluntad en el mundo, han advertido que problemas derivados del cerco estadounidense, como los apagones y la escasez de bienes básicos, afectan de forma inhumana a la población cubana, en particular a niños, ancianos y enfermos crónicos.
Sin embargo, pese a las dificultades y al develado propósito del gobierno de Washington de provocar la capitulación de la Revolución Cubana y rendir por hambre a sus hijos mediante acrecentadas presiones, hoy el Gobierno y el pueblo isleño prosiguen con su objetivo de construir una sociedad más humana, solidaria y coronada con la justicia social.
Bajo los ideales de Fidel, nuestro Héroe Nacional José Martí y tantos patriotas que derramaron su sangre en los campos de batalla por la independencia de esta nación, prosigue la lucha por construir un futuro mejor “Con todos y por el bien de todos”.

