Enriqueta Sierra, nacida para la radio
El 29 de julio de 1885 el llanto de una niña en un camerino del Teatro La Caridad de Santa Clara, en la antigua provincia de Las Villas, hoy Villa Clara, anuncia la llegada de uno de los cinco pilares de la Radio de Cuba: Enriqueta Sierra.


Mucho antes de recibir el máximo galardón que significa el PREMIO NACIONAL DE RADIO POR LA OBRA DE LA VIDA, ya le había pedido que me contara su vida para que formara parte de la memoria del quehacer artístico y profesional de la Radio de Cuba.
Es 2 de mayo de 1938. La corte suprema del arte, el afamado programa radial de la CMQ de Monte y Prado, está en la cumbre de la popularidad. Noche a noche, desfilan numerosos aspirantes ante el micrófono que puede consagrarlos rápidamente, siempre bajo la amenaza constante del campanazo reprobatorio. Y esa noche, una muchachita tímida y bella, estudiante de bachillerato del Instituto de la Habana llega a recitar. Su nombre: Julia Guerra Fernández
Una mujer que desde el surgimiento mismo de la Radio fue un mito de profundo arraigo popular, refugiada española y gran dama de las hondas hertzianas.