De la conflagración digital a la de metralla y marines
Las guerras no son lechos de rosas, sean cuales sean: las de plomo o las de tinta. El peor de sus saldos son las víctimas, que terminan sangrando o muertas, en las primeras, y rotas por dentro en las segundas. Hoy arremeten contra Cuba, como antes ocurrió en muchas latitudes, donde la receta de plomo y pólvora terminó por ser la terrible sombra para pueblos que nunca más han sido los mismos.



«(…) cuando se tiene los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajero de su camino; los ideales enérgicos y consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida.» José Martí
No imagino a Cuba en otro lugar, como no sea «atravesada» en el mar Caribe, a la entrada del Golfo de México, casi al lado de Estados Unidos, ese poderoso que con derroche de desprecio obliga a la pequeña Isla a crecer en el castigo, por el solo hecho de escoger el camino de la soberanía; por construir una democracia a la cubana en las narices del prepotente.
En uno de los capítulos de la serie audiovisual Glorias del periodismo cubano,
Septiembre siempre ha reservado para los cubanos aires de fiesta, sabor a caldosa y a alegría entre vecinos, la belleza de las banderas ondeando en los balcones…