Pedro Pérez Roque, radialista más que apasionado
En 1968, con sólo 23 años, un jovencito lleno de sueños y proyectos pudo entrar en el mundo mágico de la radio. Aquel muchacho nació el 19 de octubre 1945 en el camino real de Pesquero, municipio de Remedios, antigua provincia de Las Villas. El recién incorporado a la radio no debió haberse imaginado que al paso de pocas décadas llegaría a ser uno de los profesionales de la Radio Cubana con mayor experiencia y caudal, tanto en el orden práctico como teórico.
Siempre que me asalta una duda no vacilo en llamarlo y preguntarle, tal vez muchas veces a costa de invadirle la privacidad y el descanso de su hogar. La ocasión es siempre propicia para conversar acerca de la radio y aprovechar, reteniendo ávidamente, cuanta sugerencia me ofrece con la modestia que lo identifica. Así es Pedro Manuel Pérez Roque, cuyos artículos teóricos leo con mucha atención en este mismo Portal de la Radio Cubana en Internet.


En cualquier momento alguna organización decide celebrar el Día Mundial del Webmaster, una figura trascendente para la vida digital y virtual en los inicios del siglo 21, que desde la pasada centuria viene sentando cátedra en el quehacer social de la humanidad. Desde 1989, tras el lanzamiento de la World Wide Web, los primeros webmasters fueron administradores de sistemas que poseían el conocimiento para producir documentos hipertextos.
De una larga trayectoria profesional que tuvo sus inicios allá por el año 59 del pasado siglo, Pedro Rojas se inició en los menesteres de la comunicación audiovisual cuando era el redactor-director del Ministerio de Educación. Desde entonces se ha le ha visto vinculado a la conducción de programas en Televisión, reportero, jefe de propaganda, directivo de varias emisoras de radio y TV, asesor de propaganda al MPLA de Angola.
Extensa e intensa ha sido la vida de este camagüeyano comunicador, político, historiador, escritor, editor, fotógrafo, propagandista, publicista,
De mañana es imposible detenerlo un minuto en la redacción o sumergirlo en conversaciones triviales alejadas de su objetivo. Solo se sienta de rato en rato a escuchar alguna grabación, pues generalmente atiende de pie las llamadas telefónicas, al igual que el intercomunicador.