El Tío Sam y los Derechos Humanos

Como he mencionado en otras ocasiones EE.UU. es un verdadero artífice de las contradicciones. Hoy le hablan al mundo acerca de la necesidad de lograr mayor democracia, y mañana celebran con júbilo cualquier golpe de Estado o blando que se produzca en algún país, y es el primero en conceder su beneplácito  a las nuevas autoridades, independientemente que son ellos mismos los patrocinadores del golpe. Un buen día, con la mayor desfachatez, incluyen a varios países –que no le resultan serviles- en una lista de aquellos que incumplen derechos humanos de sus pueblos. Y uno se pregunta,  quién les otorgó el derecho de  confeccionar tales listas, independientemente que a todas luces son amañadas. Pero no les basta y hacen otras con los que no contribuyen a la lucha contra el terrorismo o que combaten a las religiones, esta última la que hoy está de moda.

Es decir, el país de la anti democracia, de las guerras; el mismo que no tiene nada de qué enorgullecerse en el orden moral y humano,  es el mismo que hoy insiste en dictar al mundo quiénes y cómo deben cumplir con sus atroces y crueles andanzas contra todo lo que no les complazca.

No es posible calificar tanta afrenta, desprecio y burla a la humanidad. Pero no bastan las palabras, veamos los ejemplos de las guerras que le hicieron a  Afganistán e Irak: EE.UU. gastó en ambas guerras 2,2 billones de dólares en armas; en ambos países los muertos superaron el millón de seres humanos, más la destrucción de infraestructuras, lugares patrimonio de la humanidad y, por supuesto la apropiación de recursos naturales. Obviamente, países que aplastaron con saña inaudita tenían que sufrir porque el Tío Sam necesitaba ambas guerras para su beneficio económico. Así de simple.

En definitiva, hubo dos grandes y muy poderosos vencedores, el Complejo Militar Industrial y los contratistas privados que “desinteresadamente” acometieron la reestructuración de ambos países. En el primer caso, por ser una pieza fundamental que mueve la economía yanqui y hasta obliga a dictar leyes que les proteja; y los contratistas para desarrollar la “loable” acción de volver a la normalidad a ambos países y, de paso,  continuar engordando sus fabulosas cuentas bancarias.

Ciertamente, cada día se hace más difícil encontrar las palabras  precisas para describir tanta infamia, cometida con increíble pasividad y a la vista de todos aquellos llamados a combatirlos, para dejar a un lado y definitivamente, la palabrería de ocasión y los llamados a la concordia. Hay que suplantar esas anémicas e ineficaces acciones por la denuncia frontal, con lenguaje directo, no edulcorado, sino con el verbo ardiente como un látigo, y la lucha permanente para cambiar todo lo que debe ser cambiado.

Viene a mi mente nuestro querido Che Guevara con dos de sus sabias afirmaciones:

“Prefiero morir de pie, a morir arrodillado”. “Seamos realistas y hagamos lo imposible”.

Autor

  • Silvio José Blanco Hernández

    Silvio José Blanco Hernández. Colaborador del Portal de la Radio Cubana. Destacado y multipremiado periodista, escritor, asesor y analista de información. Es autor de libros como "La radio, técnica, arte y magia", y "Los programas informativos de la radio... Y algo más", entre otras obras y materiales investigativos con importantes aportes metodológicos al medio radial.

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