Ojalá usted comparta conmigo las siguientes ideas: Es como si nos asomáramos a una pantalla gigante en la que se observa, con una mezcla de pavor e impotencia, los grandes y gravísimos problemas que tienen a la humanidad al borde del abismo. Y pienso que no es para menos. Hoy, como nunca antes, podemos constatar fenómenos que tanto afectan al mundo y se erigen, desafiantes, para hacernos la vida insoportable, y también para impedir que muchos pueblos y sus gobiernos se dediquen con esmero y alta responsabilidad al sagrado deber de vivir como se debe, es decir, con dignidad plena, disfrutando cada uno de los derechos humanos plasmados en la Carta de las Naciones Unidas.
Existe la voluntad para lograrlo, pero las fuerzas más oscuras se empeñan en hacer prevalecer el egoísmo sobre la fraternidad y la solidaridad humana. Vea usted en la pantalla que le mencioné unos pocos ejemplos: el genocidio que se comete con total impunidad contra Palestina (ojalá que haya cesado cuando usted lea estas líneas); el cambio climático a la vista de todos, que fue oportunamente alertado sin que el mundo rico hiciera el menor caso, y ahora todos –pobres y ricos- tienen que enfrentarlo, sin tener la certeza que se pueda revertir; las epidemias y pandemias que mata a tantos seres humanos y que, increíblemente, constituyen un gran negocio para los poderosos vendiendo vacunas a altos precios.
Y, lamentablemente hay más, mucho más: ya se habla con gran preocupación de una posible guerra mundial, causada por el imperio y sus acólitos, sobre todo ahora con este emperador que llega con su proceder a causar náuseas; ya, desde hace un buen tiempo se aprecia con claridad y hasta desfachatez, el resurgimiento de ideas y hechos concretos que nos anuncian el fascismo, doctrina que tanto ha hecho sufrir a la humanidad con sus ideas y propuestas cavernícolas (¿alguien duda que Trump es fascista, y que otro presidente USA, Harry Truman, fue miembro del Ku Kux Klan?); Estados Unidos mantiene más de 240 bombas atómicas distribuidas en varios países, y tales armas de destrucción masiva pueden ser utilizadas, aunque cueste la vida a incalculable cifra de seres humanos.
Bloqueo como el que se comete contra Cuba hace ya más de 60 años y ha causado enormes daños a la economía; presiones económicas de todo tipo para ahogar a países “desobedientes”, “fallidos” o “canallas”; listas elaboradas por EE.UU. para, arbitrariamente, calificar a países como patrocinadores del terrorismo o, en otro caso, no cooperar en la lucha contra el narcotráfico, con el consiguiente daño económico que significa estar en tales listas, y todo ello por voluntad imperial, siendo el mismo del norte un elocuente ejemplo de terrorismo internacional y narcotráfico; el apoyo en armas y millones de dólares a regímenes de oprobio que han causado la muerte a muchos miles de seres.
Se fabrican crisis, guerras y enemigos por doquier para mantener “la necesidad” de nuevas guerras de dominación, despojo o atropellos a los pueblos rebeldes. Y ahora, en el colmo de la desfachatez, se aparece este señor emperador, bandido de cuello blanco, ejecutando decisiones al estilo de Nerón, causando grandes perjuicios a diestra y siniestra, con total impunidad o, en otro caso, dando rienda suelta a su estúpido ego. Unas veces con los aranceles que tiene al mundo en ascuas, en otras ocasiones asegurando que quiere poseer a Canadá como el estado 51 de la Unión, y otro antojo es que también quiere para él a Groenlandia, y no le basta, y exige que el Canal de Panamá pase a manos de EE.UU. exclusivamente.
Y en su abyecta mente, anémica irreversible de neuronas inteligentes, se le antoja también establecer como enemigos de su país a China, por el solo hecho de que ya –comprobado está- cuenta con una economía mucho más sólida y tiene logros indiscutibles en materia científico-técnica, y también a una Rusia poderosa, de economía bien plantada y dueña de armas sofisticadas. Todos son enemigos de la Unión, incluyendo también a Cuba, Venezuela y Nicaragua, ninguno de los cuales jamás ha atentado contra el imperio, solo que no aceptan caudillismo, sometimiento y degradación de la dignidad de sus pueblos, para hincarse de rodillas ante la bestia.
Para esta ocasión basta con lo mencionado, aunque lamentablemente faltarían muchos ejemplos adicionales que caracterizan, en su conjunto, la situación del mundo. No he pretendido una narración patética a ultranza, pero sí colocar sobre la mesa realidades que el mundo sufre. A pesar de ellas, muchos viven con la esperanza de volver a la época en la que el Tío Sam era dueño y señor de todo lo que se movía en la tierra. Añoran postrarse ante él para rogarle un pedazo de Hot Dog o una cajetilla de Chesterfield, decir orgulloso que estuvo en la Yunai y, obviamente, perder hasta el último ápice de dignidad.
Sirvan estas pobres líneas como un alerta para que el huracán no logre sus malévolos objetivos. Y, por otra parte, estimular a todas las fuerzas progresistas a desarrollar acciones comunes con el objetivo supremo de enterrar al monstruo. No se trata de encender el mundo, sino de apagarlo con inteligencia y el concurso de todos los que aman la paz.
“Mejor es vivir abrazado por el sol que ir por el mundo como una piedra viva, con los brazos cruzados”. José Martí


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