Hernán Yglesias Villar afirma que llegó a la radio casi al azar. Para cada azar hay una causa, diríamos, al modo de Silvio Rodríguez. Había cumplido su servicio social como profesor de Español-Literatura en un preuniversitario en el campo y la casualidad llegó de aliada…
“Una amiga me dijo que se había enterado de que en Radio Ariguanabo (San Antonio de los Baños) estaban ofreciendo plazas para directores de programas y ella estaba interesada; me preguntó si yo quería acompañarla y nos fuimos para allá. Era 1998. Cuando yo entré por primera vez a la cabina, y vi todas aquellas máquinas de cinta, los sonidos, los locutores, no sé, algo definitivamente me atrapó. Mi amiga, que estaba interesada, no volvió nunca más… y yo, que iba de acompañante, me quedé, me enamoré perdidamente de la radio, y ahí sigo”.
De entonces acá, el tiempo le ha reafirmado como una de las voces notables de la radio cubana. Ahí están sus programas, investigaciones y galardones. Nacido en Güira de Melena, el 24 de abril de 1972, el Doctor en Ciencias Pedagógicas, Hernán Yglesias Vilar ha sido director, locutor, guionista de programas. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Unión de Historiadores de Cuba (Unhic), integró la selección del volumen Así suena la vida: Historias contadas con sonidos (Roque Libros 2021). Le distinguen su afán investigativo y su experticia en los temas relacionados con el papel desempeñado por la radio en la comunidad.
“La radio actualmente se ve asediada por múltiples desafíos, pero contra muchos pronósticos, continúa viva. Primero que todo, la radio es resiliente, sabe adaptarse lo ha hecho cuando otros medios parecía que la condenaban a la extinción, y lo sigue haciendo. La radio tiene el don de crear intimidad, de llegar al corazón del oyente, y de establecer una cercanía que otros medios no poseen. De ahí entonces que sea un medio ideal para conversar, para convencer, para alegrar.
“La radio, sobre todo la local, da voz a su comunidad, al tiempo que mantiene a esa comunidad informada sobre todo aquello que le atañe, que necesita, y le facilita la vida de muchas maneras. Esa radio deja entonces de ser medio y se convierte en un rasgo identitario dentro municipio, y así lo reconoce la audiencia. La radio tiene la capacidad de la inmediatez de la noticia, de la información y, todavía, gran parte de la audiencia, ante la duda, sintoniza la emisora de su municipio, y si allí se dijo, entonces lo cree, pues la radio aún tiene la capacidad de legitimar el mensaje”.
LA UNIVERSIDAD DEL AIRE, UN CAPÍTULO IMPRESCINDIBLE

La Editorial En Vivo, ha premiado a sus lectores recientemente al publicar su libro ¡Silencio! La Universidad en el Aire, una obra de rescate de un capítulo imprescindible en la historia de nuestra radiodifusión.
“Mi libro es una investigación sobre la Universidad del Aire, un programa que salió por la radio durante tres períodos: 1932-1933, 1949-1958, 1959-1960, los últimos dos momentos por el Circuito-CMQ. Estuvo dirigido y organizado por Jorge Mañach. Cada semana, profesores, investigadores y lo mejor de la intelectualidad cubana de la época (desde Medardo Vitier hasta Fernando Ortiz, por solo mencionar dos) comparecía frente a los micrófonos de la Universidad del Aire, daban conferencias, y luego en el estudio, el público debatía con los ponentes.
“Esta fue la primera experiencia de su tipo en Hispanoamérica, y hay indicios para hablar de que fue pionera a nivel mundial. Una experiencia extraordinaria de empeño para elevar la cultura y educación del pueblo, organizada en cursos muy interesantes y de plena actualidad.
“El libro también hace un recorrido por la historia de la radio en la República, desde la revisión de criterios como los referentes a Goar Mestre, a la invisibilización de la existencia de productos educativos y culturales en la radio comercial. Revela por primera vez, los programas perdidos de la Universidad del Aire, al tiempo que es un estudio sobre las propuestas educativas de una radio que vendió, pero que como dice uno de los capítulos del texto: Eppur educa”.
Hernán Yglesias Villar es un caballero de ley, de esos que riega el alma cubana día por día. Cada programa que toca, asciende junto a él. Desde el Ariguanabo, desde su pedazo de patria, sabe demostrar que la radio es una continua renacedora.


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