Vivir en el riesgo, salvar y salir ileso
Cada minuto que transcurre lo marca con la exactitud de un reloj suizo porque, no obstante estar consciente del significado de la misión que lo condujo a la hermana República Bolivariana de Venezuela, el joven manzanillero Leonardo Juan Ramírez Ramírez, de 37 años, sueña “con el abrazo a mis “enanos” Kevin, Keyller y Bryant; a la esposa Ángela María, a los padres, el resto de la familia y sus colegas del salón de operaciones del Hospital Pediátrico Hermanos Cordové.


Dialogar con ella deja el agradable sabor de los afectos porque, sencillamente, es un manantial de bondad; dueña de una sonrisa que levanta el ánimo a cualquiera, de carisma, elegancia y belleza innatos, pero por encima de ello el tiernamente fuerte y franco abrazo para el que lo precise allá en su natal Palma Soriano, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.
Cada una de sus palabras brota desde el lado izquierdo del pecho, donde palpitan el amor y la sensibilidad; el desafío y la voluntad; el corazón, repleto de ternura hacia la riqueza más importante que defiende Cuba: la salud de sus niños.
Ya no sabe si son 10 000, 100 000 o más las pruebas de PCR que ha debido realizar o supervisar como jefa del Laboratorio Provincial de Microbiología de Villa Clara. Para ella, los números no importan, porque como siempre dice, detrás de cada muestra hay una persona y una familia que esperan.
Coordina, desde la dirección provincial de Salud Pública de Camagüey (ciudad donde nació y reside) la aplicación de los PCR, envía los datos bien detallados a la dirección del hospital militar de esa urbe y establece las “altas” médicas de esa institución de la salud pública.