Ricos y pobres; una enfermedad mortal
Soñemos por un instante que los ricos de este mundo deciden aportar una parte de sus riquezas al gran conglomerado de los pobres. ¡Y aún así! la injusticia se mantendría inconmovible, porque el grave problema no obedece a una sencilla decisión de los poderosos –por supuesto irrealizable- si no porque se acepte como algo normal, desde tiempos muy añejos, que existian ricos y pobres; aquellos logrando sus fortunas explotando, y los otros, mansamente explotados hasta límites insospechados de crueldad y avaricia desbocada.


Trujillo, Somoza, Batista, Pinochet, Stroessner, Duvalier, y otros muchos en el mundo, fueron verdaderos asesinos de sus respectivos pueblos, causantes de grandes masacres, desapariciones, torturas, abandono, y un sinfín de crímenes de todo tipo.
Es cierto. Como afirma en su canción nuestro poeta Silvio Rodríguez, “hay que acudir corriendo, pues se cae el porvenir”, o digamos mejor, los niños de este mundo, los mismos de un mañana que se empecina en presentarse tenebroso.
Si, no lo dude. Lo que siempre ha sucedido – y sucede- con Estados Unidos actualmente – es consecuencia de una enfermedad maligna de nacimiento que, tal si fuera un juramento sagrado, hace que deba destruir todo lo bueno que encuentre a su paso, aunque en tales acciones tengan que sufrir y hasta morir miles de seres humanos.
Gran impacto causó en el colectivo de Radio Habana Cuba la triste noticia del fallecimiento en Paraguay, el pasado 16 de marzo, de una destacada mujer fuertemente vinculada a la solidaridad con Cuba: Ligia Prieto de Centurión.