Las dos caras
Allá por mi lejana infancia, cuando el pueblo sufría el desamparo y las consecuencias de una dictadura sangrienta, se escuchaba en voz de muchos resignados la frase “no hay mal que por bien no venga”. Naturalmente, se decía por evasión, pensando en un futuro prometedor que no llegaba nunca. ¡Grave error que se cometía hasta el 1ro. de enero de 1959! cuando de verdad sí apareció la justicia social.


Es otro Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Como cada año, las cubanas y cubanos iremos en marcha apretada a desfilar por calles y plazas de cada rincón de nuestro país a manifestar una vez más – y con mayor fuerza ante tanta bulla agresiva imperial – nuestro apoyo resuelto a la Revolución iniciada por Céspedes y culminada por Fidel, al Partido de vanguardia que nos dirige, a Raúl, Díaz-Canel y a nuestra Constitución ya en marcha.
Las bestias depredadoras, cuando no tienen hambre se comportan relativamente tranquilas, aunque expectantes para descubrir nuevas víctimas ante su insaciable estómago.
En diferentes fechas del siglo XIX tienen lugar en Cuba hitos históricos y demográficos vinculados con Francia. Así hacia finales de la centuria anterior, a la mayor de las Antillas arribaron numerosas familias de ese origen o descendientes procedentes del Santo Domingo francés, con motivo de la Revolución haitiana.
El quinteto de la muerte debía no solo dedicar sus neuronas a la destrucción, la guapería, el odio, a querer aplastar a gobiernos legítimos para imponer su despreciable sistema de vida. Trump, Pence, Pompeo, Abrhams y Marco, por el contrario podían ser, al menos, un poco más sensatos y preguntarse por qué, tras 60 años de la revolución, no han podido ni podrán jamás arrodillarnos.