La huella nefasta del terror
Cada 11 de septiembre la humanidad rememora dos acontecimientos estremecedores y cruentos. El primero en 1973 cuando el gobierno legítimo de Chile, electo democráticamente resultó depuesto mediante un golpe militar inducido por una potencia extranjera. Veintiocho años después la muerte y el dolor se apoderaron otra vez de millares de seres con el derribo de las torres gemelas de Nueva York. Dos aviones impactaron sobre ellas para dejar un saldo de muerte y destrucción.


Aclaro que lo de enfermedad se lo adjudico al gobierno de Estados Unidos y su sistema imperial, aunque no escapan a ella todos los que en este mundo se unen vergonzosamente al monstruo insaciable. Unos con la mayor responsabilidad y otros sirviendo de cancerberos para que –increíblemente- se nos haga insoportable la vida en la Tierra.
Para continuar con el tema, en el capítulo anterior les hablamos de la evasión, fórmula muy utilizada por el enemigo y sus medios de comunicación para inundar a grandes masas de informaciones insignificantes y tontas, solo para sustraerlos de las enormes calamidades que produce el mundo rico.
En vibrante respuesta el pueblo cubano se congregó en una gran asamblea el 2 de septiembre de 1960 en la entonces Plaza Cívica de La Habana, identificada a partir de julio del año siguiente como Plaza de la Revolución José Martí, para dar respuesta a otra agresión fraguada por los Estados Unidos contra nuestro país, esa vez valiéndose de la