La asesoría radial del dramatizado

Cuando comencé a escribir para la Radio  cubana en la Emisora  Radio Rebelde, en los primeros meses del año 1968, de inmediato intercambié directamente con  una  asesora que para otros escritores de mi generación era  una persona bien difícil de manejar en el sublime y económico momento de aceptar un libreto tuyo y pasarlo a pago, sueño, también sublime de todos nosotros por entonces.
 
Lo que acaban de leer puede tener múltiples lecturas. La mejor para mi es la que conlleva reconocer la labor bien profesional de los que han dedicado su vida a la asesoría de todo tipo de programas y en especial los dramatizados que exigen, a no dudarlo, una capacidad extra en  la valoración radiofónica de un libreto en si mismo.

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La radio como espectáculo

Soplan  vientos provenientes del ciberespacio con las nuevas tecnologías. En muchas partes se comenta que la radio debe ser más interactiva, entrar en mayor contacto con sus auditorios, y que en eso la Internet parece ganarle. ¿Le gana o se deja ganar? ¿Tendrá que plegarse la radio, como único destino en su variante a través de la red de redes? Cierto que desde hace décadas las llamada interactividad radiofónica se ciñe a las llamadas por teléfono, las cartas postales y, en tiempos más recientes, los mensajes de correo electrónico, con las excepciones de espacios de opinión con carácter participativo. 

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Sin respuesta la pregunta de la historia

La pregunta más grande de la historia y mejor formulada, con lógica, argumentos irrebatibles y una carga de humanidad incuestionable ha recibido el mismo tamaño de silencio como respuesta, sin justificación alguna. Eso de “hacerse de la vista gorda” en mucha gente (léase millonarios y medios) anda como plaga, y ahora se le suma la de ser mudos.

Cuando la interrogante se hizo, hace catorce años, los medios del mundo desarrollado no le concedieron mucho caso, desde luego se trataba de una complicidad para que los responsables o dueños de tanta “energía negativa” que debían responder por su culpa, no se enfadaran y se sintieran aludidos.

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