Odio per se

Siempre he estado convencido que el imperio entiende al revés el significado de palabras como fraternidad, amor, solidaridad, paz y tantas otras. Se empeña en presentar ante el mundo una imagen invencible tipo Superman o Rambo, cuando en realidad más bien se parecen a personajes siniestros de la historia.

Lo que a todas luces es meritorio, para el yanqui es perverso; la cooperación desinteresada es una afrenta al mundo unipolar regida por las leyes del desarrollo capitalista; la bondad no existe y el respeto al derecho ajeno es  la paz, fue una mentira de Don Benito Juárez. ¡Tamaña ofensa! Así nacieron y así son, claro hasta un buen día. Un caso que ilustra muy bien lo mencionado es el de Cuba, por ser, precisamente, la cara opuesta. Veamos algunas preguntas:

¿Nuestra Isla ha invadido a algún país; ha lanzado bombas atómicas; somos miembros de alianzas militares intervencionistas; hemos colocado a dictadores en algún país;  promovido guerras de agresión; no hemos sido solidarios;  utilizado la injerencia en asuntos internos de otros países? Y hay otras interrogantes que no tienen respuesta de EE.UU. Por ejemplo: ¿Cuba cuenta con la mayor población carcelaria del mundo donde cumplen prisión hasta niños; es codiciosa de metales preciosos de otros países; le roba recursos a muchos pueblos; comete genocidios o coadyuva a que otros sí lo comentan; quiere que otros pueblos se arrodillen ante la isla?

Bien, la lista de preguntas es enorme, por tanto las anteriores solo constituyen una pequeña muestra. Pero por qué tanto odio a Cuba, el mismo país que jamás ha hecho daño a Estados Unidos. Una de las razones –son varias- es que Cuba constituye, precisamente, la cara opuesta de tanto odio, no ser obediente, ni bajar la cabeza ante ningún amo.

Y fíjese usted en algunas verdades reconocidas por fuentes oficiales de las Naciones Unidas y otras que cuentan con total credibilidad. CUBA: único país sin desnutrición infantil severa en América Latina; ha cumplido el 100% de los objetivos de educación para todos; es el país del mundo que más invierte en educación; tiene la menor cifra de mortalidad infantil de América (4,0 en 2017) inferior a Estados Unidos y Canadá; el mayor porcentaje mundial de médicos por cada mil habitantes; primer país del mundo en eliminar la transmisión materno infantil del VIH Sida, ya desde el 2015; desarrollado 3 vacunas propias contra la Covid-19 que han logrado vacunar a toda su población y además, donado importantes cantidades a países de pocos recursos.

Mientras acá, en nuestro país pobre, sufriendo un criminal bloqueo genocida hace más de 60 años se le dedica a la salud y la educación presupuestos altamente favorecidos y el disfrute del pueblo es totalmente gratuito. Pero allá, en el país de las grandes libertades y respetuoso de los derechos, ambos servicios imprescindibles constituyen  negocios multimillonarios, a pesar de ser un derecho humano.

Esas son las grandes e incuestionables verdades. Un mundo fétido, arrogante, basado en el egoísmo y la maldad queriendo imponer su modo de vida a toda costa con bombas y muerte. Y otro mundo que solo aspira a zafarse del yugo de aquel para empezar a vivir como se debe, en paz, armonía y amor entre los seres humanos. No hay arreglo –lo he mencionado cientos de veces- si no luchamos y denunciamos permanentemente tanta maldad, continuaremos sufriendo al monstruo, y, consecuentemente, perdiendo dignidad. Ha llegado la hora de los pueblos, no hay alternativas.

Eduardo Galeano decía, refiriéndose a los derechos humanos, que la mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. Y se preguntaba: ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho a soñar? ¿Qué tal si deliramos por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible (…)”

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