El bronce sonoro de Chapotín

El siglo XX resultó un prodigio para la música popular cubana. Radio, teatros, cabarets y tarimas públicas dan fe de ello.

Pululaban orquestas y conjuntos que perfumaban el aire cubano de boleros y sones. Entre todas ella hubo un conjunto poseedor de un sonido que se filtraba por el aire con cadencia y dulzura, que salía de la trompeta de Félix Chapotín, quien el 31 de marzo de 1907 nació en el barrio habanero de Cayo Hueso.

Más que instrumento, su trompeta fue la voz de una época que transitó desde el Danzón elegante y el Son Montuno, al Bolero y el Chachachá.  En ese contexto Chapotín, con gorra de plato y postura firme, se erigió entre los pilares de los géneros bailables cubanos.

Nacido en los primeros años de la anterior centuria, a su condición de ejecutante sumó la de arquitecto del sonido. Los Septetos “Orquídea” y “Habanero”, entre muchos otros, formaron parte de sus inicios. Contrabajo y percusiones alternaron con la trompeta, que siempre fue su “plato fuerte”.

Formó parte con Chano Pozo de “Los Dandy de Belén”, y en los años cuarenta, junto al propio Chano, se presentó en la RHC Cadena Azul como trompetista del “Conjunto Azul”.

Durante poco tiempo tocó con el “Conjunto de Arsenio Rodríguez”. En 1949 el “Cieguito Maravilloso” viajó a los Estados Unidos, y Chapotín se quedó al frente del conjunto hasta que el propio Arsenio le sugirió cambiarle el nombre a “Chapotín y sus Estrellas”.

Chapotín con su trompeta fue partícipe de los géneros musicales más representativos de Cuba.

A partir de 1953 “Chapotín y sus Estrellas” compitió con los grandes de la época. Bajo su dirección mantuvo un nivel de disciplina, reflejo del carácter exigente de su director.

Su estilo de interpretación se caracterizó por el sonido robusto, limpio y con capacidad extraordinaria para los agudos, lo que le valió el respeto de colegas y el aplauso del público.

Durante los años 50 y 60, el “Conjunto Chapotín y sus Estrellas” llenó plazas y grabó éxitos que son joyas del patrimonio sonoro de cubano. Temas como “La Guarapachanga”, “El Carbonero” y muchos boleros y sones montunos demostraron que Chapotín con su trompeta fue capaz de combinar las melodías más dulces como el ritmo del monte.

Aquella trompeta tocada con ejecutoria magistral se complementó con la voz de Miguelito Cuní. Bronce y voz integraron una mancuerna de excelencia, propia de los anales de la música universal.

Félix Chapotín falleció en La Habana en 1983 para dejar un vacío difícil de llenar. Su muerte fue el cierre de un capítulo en la evolución de la trompeta cubana. Hoy, al escuchar las grabaciones remasterizadas de su conjunto, se percibe la vigencia de aquella propuesta.

Chapotín trazó con notas la identidad de su pueblo; el mismo que halló en el bronce de la trompeta una fuerza para celebrar la vida.

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