Estamos viviendo una época tenebrosa y extraordinariamente peligrosa. Ya, desde épocas pretérritas nuestra humanidad conoció de hechos aborrecibles como guerras, injusticias, abusos contra el mundo pobre y en fin…usted como yo lo sabemos, pero lo reitero para dejar bien claro que la actualidad que vivimos supera los grandes desmanes cometidos en aquellos tiempos. Por ejemplo, hoy enfrentamos un peligro nuevo que está encendiendo las alarmas, aún cuando se nos presenta tan empaquetado que, inconscientemente, se recibe ya como algo natural.
¡Gran peligro ese!, porque es silencioso y funciona como un arma terrible. Tiene varias aristas: la insensibilidad, la impunidad, el poderío imperial llevado a límites catastróficos y mucho más que llega a envilecer las mentes: es algo así como acostumbrarnos a significados prostituidos, es decir, lo cruel y perverso, de tanto asimilarlo, se convierte tal si fuera algo “normal”; y la burla desfachatada e insolente, también en demasía, pues la recibimos como agua potable que debemos consumir.
Fíjese si es así, utilizando el ejemplo del imperio: sus rufianes y acólitos, presididos por el presidente Trump, se toma el derecho que nadie le ha otorgado, es decir, sancionar a cualquier país, gobierno, institución política o social etc. por no cumplir con sus ordenanzas; castigar, de una u otra forma a los que no apoyan su decisiones, aún cuando éstos son “amigos” tradicionales. Y mucho más: decirle al mundo que Cuba será la próxima, y ya se sabe que es para atropellar y hasta bombardear si ese señor lo considera posible; someter la Isla a un verdadero genocidio al estilo del perpetrado por Israel/EE.UU. contra Palestina.
Pero hay más: por ejemplo decidir quién puede o no ser solidario con Cuba; burlarse desfachatadamente de todo lo que está dispuesto internacionalmente, en materia de coexistencia pacífica entre las naciones. Véase algo insólito al respecto: Trump ordena secuestrar al presidente de Venezuela y para ello lo bota a la fuerza de su propia casa en unión de su esposa; mueren en la acción de protegerlo alrededor de una treinta de hombres. Lo llevan a una cárcel New York junto a su compañera para juzgarlo por delitos varios y sin pruebas contundentes que lo demuestre. Todo para obligar a Venezuela a contar con el tipo de país que Estados Unidos requiere. Y, por supuesto, no podía faltar un secreto a voces, ni más ni menos que adueñarse de sus recursos naturales empezando por el petróleo. En otras palabras, sin derecho de ningún tipo, excepto los que ellos mismos se adjudican contra la lógica y la humanidad.
Permítame repasar brevemente otros aspectos: digamos la guerra que se le hace a Irán (ojalá concluya cuando usted lea este comentario), porque Estados Unidos no quiere que ese país disponga de energía nuclear, ya que, según dice, cuenta con ese tipo de arma mortal. Todo ello a pesar de Informes autorizaos de la OIEA (Organismo Internacional de Energía Nuclear) que desde hace tiempo concluyó un informe en el cual se consigna que ese país NO POSEE ese tipo de arma.
En otras palabras, Estados Unidos no acepta esa verdad, porque considera ser los únicos con tal derecho, aunque se oponga la humanidad en pleno, y obviamente porque le ofrece gran ventaja en alguna confrontación bélica, no importa los millones que mueran, porque para el imperio serían “daños colaterales”. Así de simple.

Algo más curioso: ya una gran cantidad de medios de comunicación se han habituado a la palabrita indigna de permitir, “si Estados Unidos permite el apoyo a Cuba; continuarán los envíos de petróleo si lo permite EE.UU.; Cuba tendrá que permitir el cambio de gobierno, o de lo contrario… Es decir, todo lo que en este mundo pueda ocurrir, y aún siendo beneficioso, se podrá cumplir si Estados Unidos lo permite, si no es así, que no se hable más del asunto. No hay discusión.
Pero en definitiva, vea usted hasta dónde pueden llegar. Desatan un verdadero genocidio contra mi pueblo cubano; su gobierno ni siquiera tiene derecho a la defensa, porque, según estas “buenas personas”, sería practicar el terrorismo; el emperador quiere, para satisfacer su ego, que el gobierno cubano le pida hasta perdón por su insistencia en ser libre y soberano, sin tutelaje y sin colonizadores. Pero como Cuba insiste en no pedir permiso al amo, entonces que no se quejen después por las acciones “legítimas” que puedan ocurrir. Resumen: cinismo, guapería barriotera, falsedad, insulto a la dignidad del país, subestimación, y cualquier otro calificativo que a usted se le ocurra.
En conclusión señor emperador. Para ser dignos nunca se ha necesitado pedir permiso; para defender la patria sagrada tampoco. En todo caso se lo pediríamos a nuestros mártires, pero para continuar la lucha en contra de todo lo perverso que ustedes representan.
Si usted quiere comprobar hasta dónde pueden llegar esos seres, vea lo que recientemente ha declarado el señorito Marcos Rubio a un periodista de Al Jazeera: No hemos hecho nada punitivo contra el régimen cubano. Ellos dicen que sí, pero no es cierto. Imagine hasta donde llega este personaje tan difícil de calificar, cómo utiliza la mentira para dirigirse al resto del mundo, habitado solo por anormales, incultos y mendigos que deben creer lo que ha afirmado porque él es el Secretario de Estado de Estados Unidos. O sea, el bloqueo no es verdad, aunque el mundo prácticamente en pleno haya votado en contra de tal genocidio. Y TAMPOCO TIENEN CULPA DE QUE TIENEN A CUBA ACTUALMENTE BAJO UNA PRESIÓN INAUDITA AL BORDE DE COLAPSAR. NO TIENEN PERDÓN. Por todas las razones y ejemplos mencionados he afirmado que es algo así como Llover sobre mojado.
“Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando bien trajeados y rollizos sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo.” José Martí


por