Juan Emilio Friguls en el recuerdo

Tuve el honor de conocer a Friguls, coincidir con él en sus apacibles tardes, sentado en un banco de la colonial y medularmente habanera Plaza de Armas, cuando ya muy mayor gustaba de disfrutar la brisa, conversar o sencillamente ver desde allí el movimiento de vecinos y pensar en algún tema para un trabajo periodístico, porque nunca dejó de escribir.

El maestro Friguls era abierto al diálogo sin prisa, a la rememoración y la enseñanza sin moralejas. Se aprendía escuchándolo, y se le extrañó mucho cuando ya dejó de estar entre nosotros, al menos físicamente.

Muy familiar se nos hicieron estas palabras en Radio Reloj: «Reportó, Juan Emilio Friguls», que resumían un quehacer realizado con mucha complacencia, profesionalidad y admirable concisión, tres condiciones que quien trabaja el periodismo debe conjugar para cumplir bien en el oficio.

Quizá no se recuerde debidamente que nuestro compatriota estuvo nominado al Premio Príncipe de Asturias y que se le confirió el Premio Nacional de Periodismo en 1997, al igual que el Nacional de la Radio en el 2003, estos últimos por el conjunto de la obra de toda su vida.

Pero a estos lauros se sumaron otros muchos: la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, la réplica del Machete de Máximo Gómez, el Premio José Antonio Fernández de Castro, el Diploma de Honor Gran Teatro de La Habana, la Placa Dorada Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) y el Premio Giraldilla de La Habana.

Graduado en la década del 40 del pasado siglo en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, siempre estuvo muy vinculado a la prensa radial, condición que hizo de él uno de los reporteros emblemáticos de la emisora Radio Reloj, adonde llegó en 1970 para firmar un sinnúmero de notas informativas y dejar su impronta.

Sin embargo, colaboró también en el periódico Información y en la sección «En Cuba», de la revista Bohemia, aunque tal vez se le recuerde más, al menos entre aquellos lectores de la «tercera edad», como redactor del Diario de La Marina, muy relacionado allí al quehacer eclesiástico.

Friguls recibió el Premio Enrique José Varona y fue decano del Colegio Provincial de Periodistas en 1959-1960, algo que nos ilustra acerca de su dilatado quehacer en la prensa, aún antes de 1959. 

Disfrutó de un curioso privilegio, por el que sentía verdadero orgullo: Haber entrevistado a dos papas: Pío XII en 1950 y a Paulo VI en 1968, satisfacción que completó cuando en enero de 1998 cubrió los pormenores de la presencia en La Habana del papa Juan Pablo II.

Juan Emilio Friguls tuvo en su físico de delgadez acentuada y la alta estampa, algo de Quijote de la Mancha, pero tal parecido fue más allá del empaque exterior: radicó en la sencillez del carácter, en la caballerosidad del trato y la nobleza de su palabra.

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