La crónica o como atrapar una ola

¿Cuántas lágrimas no se habrá tragado antes de llegar aquí? No es que le falte visión a sus ojos, es que ella es la luz. Cuando se abraza a su guía, a Cuba le nacen manos. Los Juegos Paralímpicos de Río, ¡otra vez Río de Janeiro!, me desbordan, me arrasan.

Pensaba escribir de la crónica, una pizca de teoría; pero las emociones me ahogan, la crónica me asalta. No por gusto, Rolando Pérez Betancourt la nombró el “género jíbaro”. Y Martín Vivaldi “la noticia exprimida, quintaesenciada”. Y Luis Sexto, con algo de la terminología de Kant, dijo que se trata, no de “la cosa en sí, sino del eco de la cosa en mí”

Una vez en Cienfuegos, en el evento nacional de la crónica Miguel Ángel de la Torre, me invitaron a un panel sobre cómo hacer una crónica. Tamaño aprieto. Dije lo que pude: La crónica es un do de pecho. Es el latido más que el corazón, la pincelada más que el cuadro. Es como atrapar una ola en el mar.

En las mañanas de Radio Rebelde, suelo asistir a un espectáculo singular. Carlos Rafael Jiménez, “El caballero de la calle”, construye crónicas al pasar. Evoca recuerdos o cuenta las cotidianidades. Atrapa la trascendencia de las cosas pequeñas, que suelen ser las grandes. Arma todo en el aire, con mucho de osadía y con mayor naturalidad, y luego se despide, como si nada. Él sabe el secreto.

La crónica no es adorno, es intensidad. No es dulzor, es energía. No es amalgama, sino síntesis. No es engolamiento, sino énfasis. No es suavidad, es elegancia. No es musiquita por debajo, es atmósfera. Una atmósfera que ha de construirse con todos los recursos del medio y que ha de defenderse de los excesos, de los lugares comunes, de la palabrería vacua.

La crónica suele reservarse en la mayoría de nuestras emisoras para algunas fechas y momentos muy específicos. No se le tiene como una manera común de explorar y comunicar los hechos. Se le tiene respeto, casi se le teme.

Por supuesto, eso no quiere decir que no se produzcan crónicas de categoría en nuestros medios; pero aún en franca minoría. Valdría la pena explorar y esclarecer los conceptos que se mueven alrededor de ella.

Esta tierra nuestra tiene mucho por contar, por tocar, por cronicar. Está ávida por escuchar a sus protagonistas más allá de la mera información, desde la arista más humana.

Como dije, quería poner una pizca de teoría y solo pienso en la carrera de la velocista Omara Durand. Gente como ella me pone oxígeno, me tira la escala, logra el milagro de que la crónica nazca.

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