La radio y el ensayo de mesa

A mucha gente de la radio le da como urticaria la teorización a ultranza, cuestión que comparto con ellos siempre y cuando no esté acompañada por un sustento práctico que la origine. La teoría es consecuencia de la experiencia práctica, de una vivencia observada hasta en sus más mínimos detalles. Poner la teoría por delante de la práctica es un error. En el caso del ensayo de mesa no es, ni mucho menos, un intento teorizante el que lo sustenta; al contrario, es la práctica misma la que lo confirma.

He observado como algunos radialistas desde locutores, directores o realizadores de audio de programas en vivo llegan a sus emisiones apenas uno o cinco minutos antes de la salida al aire. La agitación, los saludos obligados a la llegada y un total despiste en cuanto a “qué voy a hacer” ponen a esa gente como sobre una cuerda floja, lidiando con dudas y propósitos de la tarea a realizar. He ahí la importancia del trabajo o ensayo de mesa.

Conozco muchos profesionales de la Radio que están presentes y en función de sus programas con una antelación de 30 minutos a su salida al aire, tiempo suficiente para refrescarse del viaje, tomar el guión, dialogar con los demás integrantes del colectivo y de conjunto enmendar cualquier aspecto, precisar detalles y ensayar el contenido del espacio.

Antes del comienzo  del programa los locutores necesitan hacer una lectura en silencio del guión o las notas; ser informados por el director-realizador de los objetivos propuestos para la emisión; realizar el marcaje de vocablos de difícil pronunciación y dado el caso hasta sustituirlos por otros con los cuales se identifiquen más; aclarar cualquier duda y, acto seguido, llevar a cabo una lectura total en voz alta, tal como será durante la salida al aire.

Durante el ensayo de mesa el director-realizador hace saber a los locutores cuál debe ser la intencionalidad de las notas y textos del guión, la atmósfera que predominará en el programa, su hilo conductor y la impresión que se propone dar a la radioaudiencia.

Tal vez alguien riposte este criterio al decirme que su programa en vivo no lleva guión, sino una simple escaleta. Aunque los locutores “improvisen”, siempre es necesario que se autopreparen para esa “improvisación”. La improvisación en la radio tiene apellido: “improvisación intencional”. Si se trata de un programa que cuenta con invitados – sean músicos, escritores o especialistas – el trabajo de mesa resulta esencial. Para esa clase de programas hay que prepararse antes y durante el ensayo. Es imprescindible documentarse previamente del tema a tratar y de quién será la persona con la que dialogará. Cuando vayamos al trabajo de mesa – previo al programa – allí deberá estar el invitado, a quien daremos a conocer nuestras preguntas al tiempo de pedirle sugerencias en cuanto a otras aristas a abordarse, ya que ella es la especialista, no nosotros.

Si el trabajo de mesa o ensayo de mesa, según el caso, tiene lugar sin prisa y conociendo el contenido total del espacio a transmitirse, podemos tener la certeza de que todo saldrá bien. La prisa, la improvisación y la no preparación previa al programa no son buenas consejeras, como afirmé al principio. Dar la impresión de que se improvisa es válido – como lo es improvisar en el más amplio sentido en determinadas circunstancias, hecho posible cuando hay bagaje cultural suficiente para hacerlo – pero encararlo por mera ínfula protagónica como “gran estrella del show” puede llevar a la imprecisión, el descalabro y el ridículo.

Por la salud del programa y el prestigio de quienes lo realizan, lo recomendable es el trabajo o ensayo de mesa.

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