Y tú negrito, ¿de dónde eres?

Mucho antes de este encuentro, en el año 1966, ante un llamado para formar jóvenes en varias especialidades, Pablo Menocal estuvo entre los elegidos y estudió Suelo y Fertilizantes en La Habana.

En la inauguración de ese curso estuvo Fidel. Una vez más la idea partió de esa mente que tal pareciera está bendecida por una única e inigualable inteligencia.

Como marcado por el destino, un año después, este guajirito como insiste en llamarse, fue seleccionado para participar en la velada solemne por la muerte de Ernesto «Che» Guevara.

Entre emociones y tristezas por el adiós de uno de los hombres imprescindibles en la lucha guerrillera, Pablo volvió a conmoverse ante la presencia de Fidel.

Sin embargo, no fue hasta las actividades por los 100 años del inicio de la Guerra de Independencia en La Demajagua, en la provincia de Granma, en que el ansiado encuentro se concretó.

Quizás la intensa lluvia toda la noche y las inundaciones, motivaron el frente a frente. «Llegó el Comandante!», anunciaba una voz.

Ese aconrecimiento fue un poderoso estímulo ante lo adverso del momento, donde las inclemencias del tiempo no dejaron espacio ni para el descanso. Fue un momento mágico como si el estar allí hiciera un alto en la difícil noche lluviosa.

Entonces, Fidel se acercó a Pablo y mencionó la frase cordial que lo marcó para siempre:

– Y tú negrito, ¿de dónde eres?

– Yo soy de Amancio, respondió con una aparente firmeza que aún no sabe de dónde salió.

– La tierra de las luchas de Las Maboas, y por donde pasó Camilo y el Ché; ustedes lo vieron?, preguntó el Comandante en Jefe.

– No, supimos que pasó cerca de mi casa, contestó Pablo.

Luego continuó el diálogo y se interesó por las condiciones del lugar. Tras la inesperada visita, nadie pegó un ojo y al día siguiente estuvieron firmes en el acto.

Como para continuar con las sorpresas, Fidel inició el discurso felicitándolos por mostrarse firmes ante la difícil situación nocturna, donde tampoco él durmió.

Así, Pablo Menocal comparte una de las anécdotas que marcaron profundamente su vida revolucionaria. Aún la emoción vibra en sus ojos y por momentos la voz se le apaga, como si tratara de volver a vivir los minutos que vivió junto a Fidel.

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