El andar de una Isla invicta

Hay tanto de épico en el andar fecundo de la Revolución Cubana –en sus ya casi 65 años de bregar a contracorriente de los poderes hegemónicos imperantes en el mundo–, que su historia cierta parece trascender todos los límites de lo posible. Por: Mailenys Oliva Ferrales Sin embargo, no hay misterio en esa fuerza descomunal que tiene la Mayor de las Antillas para vencer hasta lo imposible. Se trata, más bien, de las esencias de una nación que, a lo largo de sus más de seis décadas de existencia (bajo la conducción de Fidel, luego de Raúl y hoy de Díaz-Canel), ha tenido que fraguarse siempre desde la trinchera, aun en tiempos de paz. Eso es lo que frustra a los enemigos de nuestra soberanía e independencia: esa capacidad titánica de un pueblo en Revolución de fundar, crecer y resistir ante cualquier contienda, por duros que sean los tiempos. Y es que la Revolución cubana emergió de su pueblo y para su pueblo. Basta con recordar que tras la alborada luminosa del 1ro. de enero de 1959, por vez primera los campesinos pudieron cultivar sus tierras sin ataduras ni miedos; los trabajadores se emanciparon verdaderamente, junto a la nacionalización de industrias y servicios; y el derecho a aprender a leer y a escribir dejó de ser un privilegio de una minoría para convertirse en una campaña nacional que borró el analfabetismo de todos los rincones de la Isla. Con la Revolución nació también el acceso popular a la cultura y al deporte, se concibió la atención médica como un programa cardinal del país, se dignificó a la mujer, se fundó lo bello sobre las huellas del dolor causadas por siglos de dominación, y se enarboló la justicia social como un baluarte de la Cuba socialista, que luego devino en referente …

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No lograron asfixiarnos, enconarnos ni dividirnos

A inicios de 2023, el encargado de Negocios de la Embajada de Washington en La Habana, Benjamin Ziff, en entrevista concedida a The Associated Press, expresó que «era difícil volver atrás» con relación a Cuba. Por: Raúl Antonio Capote Tal afirmación expresaba la posición actual de la Casa Blanca, y daba por cerrada cualquier posibilidad de acción concreta a favor de un mejoramiento de los vínculos entre ambos países, refiriéndose al tímido acercamiento ocurrido durante la administración Obama. En verdad, durante el transcurso del año, muy poco se avanzó en esta dirección. Al contrario, la administración dirigida por Joe Biden sigue ostentando el récord de ser la más eficiente y dedicada en hacer cumplir las sanciones contra Cuba. Consecuente con la política establecida desde el 3 de febrero de 1962 por la administración Kennedy, el actual mandatario rubricó la extensión, por otro año, de la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, base de la guerra económica contra Cuba. El bloqueo está detrás de cada medicamento que falta, de la termoeléctrica que se detuvo, del transporte carente de piezas de repuesto, del proyecto social que no se pudo ejecutar. Castigar al sector público, conociendo que este presta servicios esenciales para toda la población, como salud, educación, deportes, cultura, etc., sin exclusiones de ninguna clase, continúa siendo parte esencial de la política de Washington. Por otra parte, la mentira, la manipulación de la verdad, la subversión político-ideológica, la organización y el financiamiento de grupos violentos anticubanos dentro de EE. UU. se incrementaron durante el año que finaliza. LA LISTA DE LA PERFIDIA A pesar del reclamo creciente de la comunidad internacional para que el Gobierno de EE. UU. retire a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, la Casa Blanca, en 2023, optó por perseverar en la iniquidad y …

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La cultura salva

A lo lejos, en medio de las ráfagas invernales que se cernían sobre el espíritu y la anatomía de aquella criatura nacida bien lejos, en una isla todavía de improbable destino, el poeta se apoderó de una imagen poderosa: «las palmas, ay, las palmas deliciosas…».

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Desembarco de una expedición que fue esperanza renacida

Hay tanto de sublime en aquel desembarco azaroso y extraordinario del 2 de diciembre de 1956 –cuando 82 hombres comenzaron a marcar, con su heroísmo, la ruta definitiva hacia la independencia de Cuba– que a la distancia de 67 años la fecha sigue convocando al recuento histórico y a la reedición simbólica protagonizada por los pinos nuevos. Es la épica del yate Granma, multiplicada hoy, inspiración del futuro. Por ello son conmovedoras las anécdotas de los bisoños que (arropados con el verde olivo de un uniforme siempre rebelde) han podido «pellizcar» un pedazo de la historia, al recorrer parte de la travesía enrevesada que enfrentaron los expedicionarios tras su arribo a la Patria, aquel amanecer de 1956. Allí, en el lugar conocido como Los Cayuelos, a unos dos kilómetros de la playa Las Coloradas, en Niquero (provincia de Granma), los pioneros y jóvenes suelen adentrarse en esas aguas de la costa sur granmense, con la certeza de un sueño cumplido. Sin embargo, los 82 revolucionarios de entonces lo hacían con una sola convicción: ser libres o mártires. Fidel lo había expresado a su llegada a México, un año antes: «Las puertas adecuadas a la lucha civil me las han cerrado todas. Como martiano, pienso que ha llegado la hora de tomar los derechos y no pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos. La paciencia cubana tiene límites (…). De viajes como este no se regresa, o se regresa con la tiranía descabezada a los pies». Fue así como, con más coraje que armas, los expedicionarios del yate Granma pusieron proa a la libertad, desde México, el 25 de noviembre de 1956, y siete días después desembarcaban en la Isla amada, fustigados por la travesía difícil, el cansancio acumulado, la sed, el hambre y la amenaza de la aviación enemiga. Sobre …

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De la radio… ¿a la vida?

El derecho de soñar se despide. Al margen de los niveles de involucramiento de las audiencias con las líneas argumentales, los conflictos y los desenlaces, y de más de un intento por reescribirlas a gusto de cada cual, la telenovela escrita por Ángel Luis Martínez y Alberto Luberta Martínez, y codirigida por este último, junto a Ernesto Fiallo, consiguió colocar, a poco más de un siglo de su temprano estreno en la Isla, la jerarquía de la radio en nuestro tejido cultural. Por: Pedro de la Hoz Medio eminentemente popular, con una larga tradición de servicio público, los hombres y mujeres que han dejado la piel y el talento en la programación radial de uno a otro confín del territorio nacional, se han visto reflejados de un modo u otro en la telenovela. En la apertura y el cierre de cada episodio se lista a unos cuantos, no todos, que simbolizan diversos menesteres. Libre de ataduras comerciales desde los años 60, y articulada en un sistema de radiodifusión cada vez más consolidado, han ido apareciendo, como parte de la sintaxis de enlace, menciones a radioemisoras nacionales y territoriales. Tanto o más importante que esto debe subrayarse la presencia en la pantalla doméstica, o la obligada referencia, a creadores paradigmáticos, de los que mucho habría que aprender, no para imitarlos, sino como nuevos puntos de partida para la radio que necesitamos. Tener al pie del cañón a una Carmen Solar, incombustible y raigal, o evocar (y retomar) el formidable proyecto pedagógico llevado adelante por Cuca Rivero, vivifican el espíritu. Al mirar el pasado, los realizadores se decantaron por lo que significó El derecho de nacer, la radionovela de Félix B. Caignet, en el imaginario popular y en la cristalización de códigos dramatúrgicos que marcan hasta el día de hoy, más allá …

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