Erdwin Fernández, el rey de la comunicación

Allí, en aquella tarde inolvidable se produce un intercambio interesante. Con qué placer escuchamos las experiencias de los asistentes.

Allí Erdwin Fernández reitera lo que ya le he oído decir en otras oportunidades. Se refiere a lo que significa el aprendizaje en esta profesión y lo que cada medio le aporta. Comienza por el teatro el que afirma le da la apreciación de los recursos dramáticos y el que aproveche esa circunstancia va a ser mucho mejor técnicamente, va a montar mejor los personajes, va a lograr mejor comunicación con el público, ya que en el teatro el público está muy cerca del actor. La televisión y la radio dan el oficio por su rapidez en los montajes y el aprendizaje de los guiones, el ejercicio de la memoria. El cabaret la pista, el desenfado, y el circo enseña una actitud ante la vida.

Allí también enfatiza sobre algo, que los demás asistentes también corroboran: “En nuestra profesión nunca se llega, siempre hay que estar indagando, buscando, estudiando.”

A diferencia de otros niños, de pequeño él no siente atracción por el teatro. Sin embargo cuando ingresa en la Universidad para estudiar arquitectura, ya le atrae el escenario, los aplausos y la risa del público, y es que un día en el instituto del Vedado, donde cursa el bachillerato, es elegido responsable de cultura y buscó a Luis Manuel Martínez Casado como director para que montara una obra. Pero sucedió que uno de los actores falló el día de la primera función y a Erdwin se le ocurrió decir – si nadie lo hace, yo lo hago – y Martínez Casado le tomó la palabra y le entregó el libreto de la obra teatral. De esa forma protagoniza la zarzuela Los molinos de viento en el aula magna del instituto en la que tiene que cantar, desafinado según manifiesta, y a pesar de su timidez y seriedad, es el más aplaudido. “Al día siguiente era muy popular entre los estudiantes”.

Por eso, junto a los estudios superiores, ingresa en el Teatro Universitario. Recuerdo que siempre habla con mucha admiración de sus profesores Rafael Ugarte, Mario Rodríguez Alemán y Coralia de Céspedes, a quienes conoce en el Seminario de Artes Dramáticas.

Con qué orgullo nos dice: “a la hora de decidir ante la rigidez de las ciencias exactas, escogí lo más inexacto y me quedé con el Teatro Universitario. Sería actor”. ¡Y qué actor!

Es Antonio Vázquez Gallo quién lo estimula para que se incorpore a las misiones culturales del Ministerio de Educación, que se movían por toda la isla llevando representaciones teatrales, conciertos, exposiciones etc. Siempre dice que eso además de ser un medio para vivir y desarrollarse le ayuda a conocer mejor el país y sensibilizarse con el desamparo de las clases más humildes de la nación, fundamentalmente los de las zonas rurales. Con el golpe de Estado de Batista estas misiones desaparecieron.

Decide entonces dedicarse por completo a la televisión, en la que había hecho algunas cosas desde 1951. Enrique Almirante y Erdwin Fernández, comienzan casi al mismo tiempo en televisión y por Enrique conozco la experiencia con el programa Televisión General Electric donde les ofrecen papeles de gángster y se ponen muy felices. Pero cosas de la televisión, de ellos solamente salen en la pantalla las manos y las voces en una breve llamada telefónica. ¿Qué desilusión ante el barrio y los amigos? Y así se suceden otros programas. Pero no se amilana y los papeles aparentemente pequeños los engrandece y demuestra que hasta para hacer un extra hay que ser actor, y él lo es en grado superlativo.

A fínales de la década de los sesenta regresa al teatro, nada menos que al lado de Raquel Revuelta, a quién conocía desde 1948. Recuerdo haberlo visto en Los Cuentos del Decamerón en Teatro Estudio.

Erdwin Fernández deja su marca en múltiples momentos importantes de la Radio. Forma parte del formidable elenco de Alegrías de Sobremesa, a partir de 1977 y es además un director de referencia obligada.

Varias generaciones de cubanos reímos, lloramos o simplemente reflexionamos con Erdwin Fernández, el inolvidable amigo de los niños. ¡Cuantas personas al recordar su infancia añoran a un simpático payaso llamado TROMPOLOCO, que habla con los niños a través de la pantalla de su televisor.!

Afirmó el mismo que después de 14 años buscando ese payaso, logra un personaje que tiene mucho que ver con él. Los que tenemos el alto privilegio de conocerlo podemos afirmar: Sí, en Trompoloco advertimos mucho de esa nobleza de Erdwin Fernández.

Siempre dice con orgullo que nunca permitió que otros escribieran lo que debía decir Trompoloco, porque ese era su hijo y él debía escribir de acuerdo a la sicología, la personalidad y a lo que él se proponía dejar como valores a través del payaso.

Recordando aquellos momentos, la destacada directora de Radio Carmen Solar, cuenta “Arrancamos a trabajar en El mundo de los niños, un programa con nada menos que Erdwin Fernández en el Trompoloco. Amigo, compañero, hermano, maestro. ¡Cuántas cosas fue Erdwin para mí! Ya estaba yo con niños en la radio y ahora también en la televisión. Animar, recitar, cantar, conversar, dramatizar con aquel payaso simpático, gran creación de Erdwin. Todo una gran escuela. Era como si fuera mi casa, donde recibía al payaso Trompoloco, y dialogábamos. Se dramatizaba aquel libreto con la participación de los niños.”

La destacada actriz Fela Jar, lo recuerda de la siguiente manera: “Trabajé con Erdwin Fernández que para mí fue el mejor director de radio que he tenido. También con Julito Lot, Odilia Romero, Enrique Íñigo, todos muy buenos, pero para mí el más completo fue Erdwin. Él dirigió las cosas de Alejo Carpentier y buscó diccionarios botánicos y los llevaba al estudio. Cualquier duda que nosotros tuviéramos ya él la había analizado. Con Erdwin aprendí muchísimo.”

En la televisión su magisterio queda impreso en muchos programas. Las Grandes Novelas, los Seriales, Teatros, y uno de los últimos programas en televisión, con libretos de Enrique Núñez Rodríguez y dirección de Cuqui Ponce de León, el humorístico Si no fuera por mamá, al lado de Marta del Río, tienen en Erdwin Fernández al actor imprescindible que siempre se recuerda.

Su presencia en el cine es breve, pero como todo lo verdadero, impactante, imperecedera. ¿Quién no lo recuerda en Las Aventuras de Juan Quin Quin, al lado de Julito Martínez?

Actor y director total, dueño de la comunicación con el público en el teatro.

Que adquiere un oficio admirable en la radio y la televisión. Pero sobre todo, el que le vive agradecido al circo, por haberle forjado una actitud ante la vida como artista, con la que es consecuente.

Sí Erdwin, alcanzaste la fama y la popularidad, porque el pueblo te considera algo de él y así te recordará siempre. Esa es la única razón que siempre deseaste. ¿Verdad amigo?

 

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