El bloqueo, un fracaso que sigue dañando al pueblo cubano

El propio presidente estadounidense, Barack Obama, ha reiterado que la política de «embargo» a la isla caribeña no logró su objetivo de derrocar a la Revolución cubana, pero son tangibles los efectos del entramado de leyes del bloqueo que afecta el desarrollo económico y social de los habitantes de la mayor isla de las Antillas.

Obama ha llamado al Congreso de su país a levantar el bloqueo; sin embargo, tras más de 20 meses desde que el 17 de diciembre de 2014 La Habana y Washington anunciaron el inicio de una agenda cercana en las relaciones bilaterales, el bloqueo se mantiene intacto y cada día que pasa, las repercusiones aumentan.

Poco antes de la visita de Obama se anunció la autorización para que nuestro país utilizara el dólar en sus transacciones internacionales, pero esto no se ha materializado y demuestra que el cerco también persiste en el sector financiero.

La más reciente muestra del carácter extraterritorial de esta política genocida lo constituye la negativa del banco Santander, de España, de ofrecer servicios a representaciones cubanas en ese país europeo.

El sistema de sanciones de Washington impidió al «Santander» dotar de terminales de puntos de ventas (TPV) a los Consulados Generales de Cuba en las ciudades de Barcelona, Sevilla y Santiago de Compostela.

En su cuenta de Facebook, el embajador de la nación antillana en España, Eugenio Martínez, dijo que es decepcionante que tres consulados cubanos hayan sido privados de recibir servicios de una entidad española para mejorar la atención a sus usuarios a causa de la extraterritorialidad del bloqueo.

El argumento esgrimido por la mayor entidad financiera de España para no prestar ese servicio fue un acuerdo suscrito con Elavon, compañía estadounidense procesadora de tarjetas de crédito y débito, subsidiaria del Banco U.S. Bancorp.

La razón defendida en ese caso fue que esas terminales de venta estaban prohibidas a clientes «cuya actividad se desarrolle o esté directamente vinculada a países que se encuentren en el listado de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos)».

Para el embajador Martínez, resultan inexplicables tales prohibiciones cuando en marzo de 2016 los departamentos del Tesoro y Comercio de EE.UU. anunciaron que permitirían a los bancos procesar transacciones del gobierno cubano.

Mark Feierstein, un alto funcionario de la Casa Blanca reconoció recientemente en Washington que «francamente, todavía vemos reticencia de los bancos internacionales de Estados Unidos en el procesamiento de transacciones financieras de Cuba».

Lo cierto es que a pesar de las tímidas medidas de Obama para flexibilizar las sanciones en la esfera financiera, las instituciones bancarias globales tienen miedo de enfrentarse a las represalias estadounidenses.

No resulta despreciable el efecto de los 14 mil millones de dólares aplicados como multa por parte de la Casa Blanca bajo el precepto de la Ley de Comercio con el Enemigo, de 1917, que constituye pieza fundacional de las leyes y regulaciones que componen el «embargo», alegando intereses de política exterior.

En tanto, los daños acumulados en estas casi seis décadas de bloqueo alcanzan no menos de 753 mil millones de dólares, calculados al valor del oro, teniendo en cuenta su actual devaluación; a precios corrientes, la cifra equivale a unos 125 mil millones.

El próximo 26 de octubre Cuba asistirá nuevamente a Naciones Unidas para participar en la que será la votación número 25 sobre el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, que el año pasado recibió la condena de 191 países.

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