El 26 espirituano treinta años después

Por eso, la celebración llega de la mano del júbilo de quienes impulsaron los argumentos del Buró Político del Partido Comunista de Cuba para designar la sede. Y en eso se incluyen todos.

Desde los hombres del azúcar que, a fuerza de trabajo, lograron lo que ninguno de los de su tipo en Cuba: cumplir por nueve años sucesivos el plan de producción de azúcar, hasta los agrícolas que, aún con exigencias por cumplir, logran oxigenar una economía que ha mostrado a niveles macros su eficiencia para maniobrar un presupuesto en pos de mejorar el rostro y el alma del territorio.

El 26 llega a Sancti Spíritus de la mano de la renovación de su entorno, gracias a un esquema que ha maquillado las ciudades y también las comunidades en los últimos años.

Los aires tocan a escuelas, centros de salud, carreteras y calles, instalaciones culturales, deportivas, turísticas, gastronómicas, comerciales, fachadas de viviendas, parques y otros sitios de interés.

En medio del jolgorio el recuento toca a todos los sectores porque cada quien ha hecho lo suyo desde su puesto de trabajo, su asiento de estudiante, o el más simple estrado como ente social.

Por hacer queda tanto como hasta hoy se ha logrado por ese espíritu permanente de inconformidad que nos distingue, porque las metas cumplidas sean apenas un alto en el camino para seguir o un punto de partida para ser superiores.

Pero el 26 es, a fin de cuentas, eso mismo: una recompensa al esfuerzo y una brújula para celebrar con trabajo todo lo que se ha alcanzado con él. No puede ser de otra manera para los espirituanos, que sienten un orgullo adicional por regalarle a Fidel este obsequio gigante en su 90 cumpleaños.

No puede ser de otra manera para la gente de la tierra de Serafín Sánchez, el Mayor General de las tres guerras, quien hace 120 años cayó en combate, y nos guía desde su pedestal histórico.

Treinta años, después el 26 vuelve a un Sancti Spíritus distinto, alegre, guerrero, emprendedor. La provincia abre sus brazos para un suceso que nos conmina a unirnos con los lazos sanguíneos de la territorialidad, y los vasos comunicantes de la Patria, grande porque Sancti Spíritus es momento de fiesta y también de compromiso.

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