De Peter Pan a la fauna de WhatSapp

Se ubica entre las acciones de guerra psicológica más pérfidas en contra de la Revolución cubana.

 
No pretendo hacer un recuento histórico, sino apuntar algunas esencias que permitan establecer interesantes paralelismos 58 años después.
 
Ocurrió entre el 26 de diciembre de 1960 y el 23 de octubre del 62. La acompañó el empleo de los medios de comunicación de la época, fundamentales siempre para cualquier acción de este tipo. El 26 de octubre de 1960, la emisora contrarrevolucionaria Radio Cuba Libre (Radio Swan), comenzó a radiar las siguientes líneas de mensajes:
 
«¡Madre cubana, escucha esto!, la próxima ley del gobierno será quitarte a tus hijos desde los cinco años hasta los 18 años» o «¡Madre cubana, no te dejes quitar a tu hijo! Es la nueva ley del gobierno (…), cuando esto ocurra serán unos monstruos del materialismo. Fidel se va a convertir en la madre suprema de Cuba.»
 
La campaña radial, sostenida durante varios meses, se hizo acompañar de una falsa Ley de la Patria Potestad, supuestamente un proyecto legislativo del naciente gobierno revolucionario. El espurio texto complementaba la ofensiva mediática en curso: la Revolución llevaría a cabo una expropiación masiva de niños. Así martillaban una y otra vez en la mente de las familias cubanas.
 
Años después se sabría que el documento fue redactado en Estados Unidos e introducido clandestinamente por el agente principal de la CIA en Cuba, José Pujals Mederos. Dentro de la isla lo echaron a circular, clandestinamente, por las redes sociales humanas.
 
La acción, que contó con el apoyo de la Iglesia Católica, logró su propósito: exacerbó la histeria social en miles de familias cubanas que, influidas y conducidas por la propaganda, terminaron alejando a sus hijos. En total 14 048 niños fueron sacados de Cuba, muchos de ellos nunca volvieron a encontrarse con sus padres y terminaron en centros de acogida.
 
Hoy, casi sesenta años después, el método para generar estas reacciones sociales es el mismo, aunque en otro contexto y circunstancias, con la peculiaridad de las redes sociales digitales, canales más inmediatos y caóticos, en el orden informativo.
 
Desde que a inicios de marzo de este año, el gobierno cubano activara el Plan para el Enfrentamiento y Control del Covid19, las acciones de guerra de psicológica no han cesado.
 
Este tipo de guerra, sin fusiles, como también se le conoce, ha recurrido a lo largo de la historia y en diferentes naciones, al empleo planificado de la propaganda y la acción psicológica para direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social.
 
Cada una de las falsedades de las últimas semanas ha tenido un blanco y un propósito bien definido. Entre las muchas que circulan, quisiera detenerme en cuatro archivos de audio que, aprovechando la rápida expansión de la mensajería instantánea de WhatsApp, los han diseminados como pólvora por el país ante el auge creciente de esta plataforma.
 
Recordemos el inicio, “la bióloga”, amiga de Rey, que nunca supimos su nombre.
 
En un audio se anunciaba profesional de esta rama del saber, y haciendo un disquisición errática de la situación epidemiológica del país, cuestionaba que aún no fueran cerradas las fronteras o paralizado el país.
 
Recordemos que cuando apareció tan irrisorio «personaje» aún no sobrepasaban la decena de casos detectados, lejos estábamos de algún brote autóctono y en su pedido solo buscaba confundir y agitar exigencias de medidas adelantadas aún para la etapa en la que nos encontrábamos.
 
Luego, surgió «Laura», la doctora del «Calixto». Esta al menos tenía nombre, después que el choteo cubano acabara con la «bióloga» incógnita, la amiga de Rey. Ella, en esencia, introdujo la matriz de una eventual explosión de casos «anónimos», o dicho correctamente, de transmisión autóctona de la enfermedad, cuando aún no existía nada que lo indicara.
 
Casi al unísono, desde Santiago de Cuba, apareció la «hija de la radióloga» del Clínico Quirúrgico de esa ciudad. Utilizando la figura de su presunta madre, como horcón de legitimidad, y con una histeria fingida, habla de una explosión de casos en la urbe, aseverando la existencia de 50 casos confirmados.
 
Ese día, el 2 de abril, en que #Cuba inició la aplicación de los test rápidos en el país, en Santiago todos las pruebas realizadas dieron negativas y se mantenían solamente los 18 casos positivos confirmados hasta ese momento.
 
Tanto Laura, como la “la hija de la radióloga”, surgieron en un contexto en que plataformas mediáticas anticubanas cuestionan una y otra vez la veracidad de las estadísticas ofrecidas por el gobierno cubano. Los mismos medios aprovechan estos audios para legitimar sus infundios y los presentan como voces “disidentes” entre los médicos de la isla.
 
A nivel internacional, también se cuestionaban los datos que venía ofreciendo China, otro país socialista, que con un enfoque comunitario de salud, como Cuba, logró establecer medidas eficaces para la contención de una mayor propagación de la enfermedad en su territorio.
 
Para rematar se presentó hace muy poco en el escenario la chica de «Juan Fanguito» (nombre de una playa en Villa Clara), también anónima.
 
Ella subió la parada en el terror cuando dice: «hay gente regada por todos lados, que entraron creo que por Juan Fanguito, una lancha con mujeres y médicos, supuestamente disfrazados de enfermeras y médicos. Están tocando por las casas, repartiendo goticas, diciendo que es para levantar las defensas contra el coronavirus, pero eso es mentira. Lo que están repartiendo es el mismo virus, o veneno, no se sabe, pero ya está la policía en eso, ya llamaron del Partido, a mi hermana que es enfermera la llamaron del policlínico…»
 
¿En qué momento aparece esta mujer del Apocalipsis? Nada menos que cuando el país acababa de anunciar el suministro de gotas homeopáticas a grupos vulnerables, donde la población debía abrir las puertas de sus casas al personal médico facultado. Casualidad, ¿no?
 
Esta, la más alarmante de todas, nombra al Partido, la policía y las instituciones de salud para dar sustento a su dicho. Sin embargo, fueron precisamente las mismas autoridades quienes primero desmintieron tal engendro.
 
Los últimos tres audios tienen en común que el argumento de sus diferentes voces, todas femeninas, no se realizan desde posiciones confrontacionales a la Revolución, lo que sin dudas pudiera convertirlos en frenos desde sus inicios y generar rechazo a priori.
 
El primero, el de la “bióloga”, abrió con un tono desafiante y cuestionador hacia el actuar del Estado. La avalancha de críticas y memes espontáneos que recibió demostró a sus creadores que esta no era la mejor estrategia.
 
Salvo este desacierto, todos recurren a una aparente preocupación, ansiedad y hasta un poco de histeria, en cierto modo lógicas de una situación de crisis como la que vivimos. Todas tienen una dosis de amor al prójimo y en ninguno falta la idea del “cuídense” o mejor “sálvese el que pueda”. Los cuatro llegaron, oportunistamente, en momentos puntuales de la actual situación que atraviesa el país.
 
Resumiendo, cada uno de estos audios y otras noticias falsas acompañantes, persiguen el mismo objetivo que aquel andamiaje mediático que acompañó a la Operación Peter Pan: martillar sobre la conciencia social, fomentar la desesperanza, la desconfianza y terminar conduciendo a los individuos hacia una actitud determinada, que siempre será desordenada o contraria al normal comportamiento en una situación de crisis.
 
En otras palabras, forma parte de una reconocible operación de guerra psicológica contra Cuba en el actual contexto, con puestas en escena muy bien estructuradas, con un objetivo bien determinado: cuestionar y desobedecer las medidas del gobierno.
 
La Radio Swan de 1960 o la impresión de folletos con falsas leyes, resultan obsoletos en este segundo decenio del siglo XXI. Hoy todo resulta más fácil. Si lo quiere comprobar póngase cómodo en la sala de su casa.
 
Estructure un personaje, siéntase parte de él y ensáyelo. Tome su celular, busque la opción de grabar, comience a hablar y diga lo que ya ensayó. La obra está lista. Busque WhatsApp y mándelo a una cadena de amigos y déjelo correr. No se preocupe, no tiene rostro, ni nombre, puede decir que lo recibió de otros. Solamente hay una voz que tal vez muy pocos reconocerán.
 
Así, poco más o poco menos, se fabrican cada uno de estos engaños que por estos días han tenido a no pocos preguntándose “será verdad” y algunos hasta dudando en asumir determinada posición.
 
Mucho se ha reiterado que en tiempos de crisis solo confíe en fuentes oficiales. El Presidente de la República, ante esta avalancha que certeramente calificó de “avisos apocalípticos”, expresó:
 
Nosotros queremos ratificar una vez más que nuestro país dispone de una poderosa red de medios públicos y de comunicación social… Nuestro Gobierno está cumpliendo con su responsabilidad de ofrecer a través de esos medios toda la información disponible, con inmediatez, transparencia y sin alarmismo… Nosotros no estamos escondiendo ningún caso, aquí todos se han informado limpiamente, en el momento en que se han producido”.
 
Y vamos a vacunarnos también contra la desinformación y la neurosis que pueden generar las falsas noticias que están circulando en las redes… Hay un enjambre anexionista que como siempre está en las redes sociales tratando de sembrar incertidumbre y pánico”.
 
Sí, efectivamente, necesitamos otra vacuna. Una que nos inmunice de una vez y por todas de esa fauna de WhatsApp y las redes en general, que mantienen el empeño de conducirnos al caótico país de Nunca Jamás.

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