¿Estás harto de las redes sociales? No eres el único

Algo está pasando con nuestra vida social virtual y en Estados Unidos ya le han puesto nombre: social media fatigue (agotamiento social). En castellano: las redes empiezan a cansarnos. Al menos tal y como las conocemos.

Facebook sigue siendo el rey, pero no se salva de la caída. Por citar un ejemplo, los españoles le dedican un promedio de 4 horas y 23 minutos.

Eso representa  ocho minutos menos que en el 2014, según el estudio anual de redes sociales del IAB Spain, la asociación que representa al sector de la publicidad en medios digitales.

Aunque parezca poco, si multiplicamos eso por los 15 millones de usuarios que hay en la península ibérica, la plataforma de Mark Zuckerberg está perdiendo dos millones de horas cada semana. Y en internet, tiempo es sinónimo de ingresos.

La caída de Twitter es bastante más notoria: baja 37 minutos y se queda con 2 horas y 32 minutos por semana.

¿A qué se debe esta caída?. «La intensidad con que se usaban las redes en sus inicios se ha controlado», concluye el informe VII Observatorio de Redes Sociales elaborado por The Cocktail Analysis y Arena en diciembre de 2015. Es decir, ya hemos superado la emoción de la primera vez.

«Los usuarios ya no les otorgan un rol central en su vida, aunque uno de cada cuatro las reconoce como imprescindibles», explica Felipe Romero, CEO de The Cocktail Analysis.

Algo similar ocurre a nivel global. El consumo de Facebook, que ya supera los 1600 millones de usuarios, cayó un 8 por ciento en nueve países (Alemania, Australia, Brasil, España, Estados Unidos, India, Reino Unido y Sudáfrica), según un análisis que el medidor de tráfico SimilarWeb hizo en dispositivos Android.

Hay dos razones que explican esta tendencia. «Primero, lo social puro se está enfriando», señala Romero.

Esto quiere decir que convertir el muro en nuestro diario personal, husmear perfiles ajenos, compartir las fotos de la última fiesta o ampliar el número de amigos virtuales ya no mola tanto como antes.

El informe del Obsevatorio muestra un perfil de un tipo de usuario que cada vez es más común: el que se siente saturado de navegar entre grandes cantidades de fotos, retuits, memes, discusiones propias y ajenas…. y empieza a usar estas plataformas como herramientas más funcionales que sociales.

Por eso es más común la búsqueda de espacios de desconexión, como las zonas libres de wifi -que nos empujan hacia aquello casi olvidado de hablar entre nosotros-.

Hay iniciativas como 99 días sin Facebook, un experimento de una agencia de comunicación holandesa que invita a los usuarios a abstenerse de la red social para ver si su estado de ánimo mejora, e incluso cruzadas antirredes de las figuras influyentes que se rebelan a la dictadura del Like.

«Yo no medí bien mi tiempo, me enganchaba mucho y eso condicionó mi trabajo, tanto que el uso de Twitter llegó a pesar sobre mi atención al correo electrónico», cuenta el director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, quien cerró su cuenta en septiembre pasado después de tres años de uso.

Ese no fue el único motivo, también el ambiente de «ruido y hostilidad» que empezó a percibir: «A veces usar Twitter es como organizar una pelea en un bar, hay un tono de bronca constante y eso me cansó».

Decíamos antes que hay dos motivos que explican el cansancio de las redes sociales. Aquí va el segundo: están evolucionando, y nosotros con ellas.

De las más populares, la mayor (Facebook) tiene 12 años y la menor (Snapchat), cinco. La primera es el muro público por excelencia, el que guarda cada detalle de nuestra vida. La segunda, en cambio, es tan reservada que algunos no hemos terminado de entenderla.

«La evolución de las redes sociales ha sido muy rápida y como sociedad apenas estamos aprendiendo a utilizarlas. Que alguien necesite desconectar una temporada si ha abusado de algo, es un comportamiento lógico», afirmó Enrique Dans, profesor del IE Business School.

Dans destaca algo más: la fatiga social también alcanza a los jóvenes, y en gran medida.

«Los chicos ven que Facebook se ha extendido tanto, que ya están no solo sus padres, sino sus abuelos. No cierran la cuenta, pero siguen usándola ya sólo para felicitar los cumpleaños o ver alguna fotillo», agregó.

En su lugar, hay una preferencia por los servicios de mensajería instantánea y más privados, como WhatsApp, Telegram y Snapchat, aplicaciones creadas específicamente para la pantalla de los móviles.

Los datos lo confirman: WhatsApp es la preferida de los internautas, por encima de las redes sociales consideradas puras. Después de crecer a buen ritmo, éstas han pisado el freno.

En el 2014, «ver qué hacen mis contactos» era la actividad favorita de los usuarios y enviar mensajes ocupaba el segundo lugar.

Hoy funciona al revés: sube la mensajería, seguida de ver videos y escuchar música y cae el interés por husmear al otro. Por eso, si se tuviesen que usar exclusivamente desde el ordenador, «se irían abajo, porque el móvil y el vídeo las han condicionado», reflexiona Romero.

Eso ya lo vio Zuckerberg. Facebook compró WhatsApp e Instagram (Snapchat se le resistió y rechazó los 3000 millones de dólares que le ofrecieron) y hace poco se actualizó para dar prioridad a las publicaciones de amigos y familiares sobre otros contenidos.

Lo hizo con este mensaje: «En 2006, cuando lanzamos nuestra News Feed, era difícil imaginar el reto al que nos enfrentamos ahora: demasiada información para que una sola persona la pueda consumir».

Sí, al gigante también le afecta el exceso. Porque hasta la vida social (virtual) en grandes cantidades puede sentarnos mal.

Editor: Conrado Vives Anias.

 

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