Después del Séptimo Congreso del Partido, Cuba entró en una nueva etapa

A grosso modo, el Congreso dejó bien clara la extraordinaria madurez política del pueblo cubano representado por hombres y mujeres de las más disímiles extracciones sociales, y unidos en un solo propósito: continuar defendiendo la herencia histórica de un proceso con particularidades muy propias y arraigado en valores y principios irrenunciables.

Su mayor trascendencia radica en los debates de los proyectos acerca de la Conceptualización del Modelo Económico y Social y las Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico Social hasta el 2030, sin dudas, instrumentos claves que regirán los destinos del país en los próximos años.

Dada la profundidad de conceptos e ideas que aparecen refrendados en dichos documentos, los delegados acordaron por unanimidad someterlos al análisis popular con la más absoluta democracia, en el que el pueblo tendrá todas las prerrogativas jurídicas y constitucionales para decidir la hoja de ruta hacia la construcción de un socialismo próspero y sostenible.

Este objetivo estará aparejado a la máxima martiana, fidelista y ciento por ciento cubana de que el progreso hacia la actualización del modelo cubano estará en correspondencia absoluta con los principios de justicia e igualdad que sustentan la Revolución.

En los tiempos actuales, la labor del PCC resulta el eslabón primordial para el logro de las metas propuestas, que no estará divorciada del desarrollo de la economía nacional, la lucha por la paz, la unidad y la firmeza ideológica.

En un primer paso, el diseño de las nuevas estrategias económicas y políticas cubanas, se regirá a partir del estudio de la situación actual (aquí corresponde evaluar las oportunidades y fortalezas), así como identificar esferas y ejes estratégicos que propicien el desarrollo.

Luego debe perfilarse una segunda etapa en la cual deben definirse las proyecciones y se aprobarán y sumarán otros programas de desarrollo que resultan vitales. Entre otros aspectos, se prevé alcanzar niveles de crecimiento del Producto Interno Bruto que conduzcan al bienestar de la población, o sea, por encima de los modestos indicadores conseguidos hasta ahora con mucho esfuerzo y limitaciones, en lo fundamental por el peso del bloqueo norteamericano e insuficiencias internas objetivas y subjetivas.

Se mantendrá la propiedad social sobre los medios esenciales de producción, como factor que incentive el desarrollo de la ciencia, la transformación de la matriz energética al darle peso a las fuentes renovables, potenciar la industria y aspirar a la autosuficiencia alimentaria. Para ello es imprescindible una mayor calificación de las fuerzas productivas y la adopción de una coherente política monetaria, crediticia, de precios y fiscal, con la inversión extranjera como parte esencial.

La discusión abierta de las herramientas que demandará la conceptualización del modelo económico y social socialista en Cuba, junto al plan de desarrollo hasta el 2030, son las directrices que permitirán aunar voluntades e inteligencias a favor del avance en todos los frentes del acontecer socioeconómico de la nación. Lo cual no significa tampoco que otras cuestiones de índole ideológica y política estarán reñidas con la visión de futuro que nos legó el ya histórico Séptimo Congreso del Partido. 

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