Elecciones a lo yanqui

Para cualquier persona que disponga de un mínimo de sensatez y lógica, le resultaría imposible pensar que los regímenes de Batista, Pinochet, Trujillo y tantos otros que se dedicaron a enriquecerse y enlutar a sus pueblos, han sido democráticos. Y, sin embargo, han contado siempre con el apoyo y beneplácito del país del norte.

En unos casos esos “demócratas”, todos, llegaron al poder mediante golpes de estado, pisoteando la constitución, dando la espalda a grandes masas empobrecidas, analfabetas, padeciendo todo tipo de maltratos a su dignidad.

Otros, opulentos, y desde lejana fecha, proclaman que el conjunto de poderosas transnacionales de todo tipo, más un sistema electoral sui géneris, es la verdadera democracia que ellos disfrutan y deben imponer al mundo porque,  que de no aceptarse, se verían en la desagradable necesidad de utilizar la fuerza para que aprendan a obedecer y no se conviertan en comunistas. 

Es decir, son los abanderados, los paladines, los designados, para hacer cumplir sus propios designios en nombre, además, de Dios. ¿Usted se ha fijado cómo invocan a Dios al final de discursos guerreristas?

Y hablando de democracia, vale la pena señalar algunas de las principales y bondadosas características que demuestra la democracia yanqui en su sistema de elecciones.

En primer lugar, el aspirante a la presidencia debe ser rico o millonario, porque no se concibe a alguien que no ostente tal condición, ya que para lograr tan alta investidura, se necesita pagar fabulosas cantidades de dólares en propaganda; es decir, no basta que la persona sea honrada, prestigiosa, capaz, debe estar agraciado por una fortuna, aunque sea la negación de aquel.

Poderosas empresas pueden contribuir con muchos millones para la campaña de un candidato, porque de lograr la presidencia disfrutarán de ciertos favores que usted ya puede imaginar fácilmente.

Continuemos con este “maravilloso” sistema: conciben dos partidos fundamentales, el demócrata y el republicano; pero en esencia es sólo uno, si se tiene en cuenta que ambos obedecen a un sistema único, el de los poderosos del  1%, por el 1% y para el 1%, es decir, los ricos que desafían al 99%.

Otra característica, son los discursos y promesas pre electorales de evidente manifestación politiquera, los que difieren de un estado a otro teniendo en cuenta su perfil y potencialidades; es decir, en un lugar se dice algo que es imposible decir en otro.

Algo muy curioso también sucede: un candidato logra la mayoría de votos y, sin embargo, no resulta presidente; pero su adversario político, aún recibiendo mucho menos votos, sí puede ser el agraciado. La respuesta es simple, es que el segundo contó con mayor apoyo en aquellos estados considerados decisivos por su gran importancia económica, y por supuesto, por mayor cantidad de millones que invirtió en la propaganda mediática.  

Estas son solo algunas peculiaridades; hay otras que no reseño porque no me alcanza el espacio asignado. Solo me gustaría añadir una que, de hecho, resume al resto. Se trata de un proceso basado en el capital únicamente, dado  por los intereses de la minoría por encima de las mayorías; y por tanto, esencialmente injusto, ya que es impensable que el rico actúe para favorecer a las grandes masas, porque su objetivo básico es la ganancia, jamás los sagrados intereses de los pobres. 

Menciono un ejemplo que hace algún tiempo publicó Prensa Latina: durante el año 2014, Bill  Gates, creador de Microsoft, añadió a su fortuna, 9 mil 100 millones, fortuna que ya alcanza 87 mil 600 millones de dólares. ¡Este sí sería un gran candidato! ¿No le parece?

Me gustaría expresar  una idea, la  del Secretario General del Partido Comunista de España, José Luis Centella: “…un sistema, en definitiva, que ha demostrado que no sólo no es capaz de resolver los problemas de la humanidad, sino que el mismo se convierte en el problema de la humanidad”.

Y en cierta ocasión nuestro Maestro Martí dijo:

“Es recia y nauseabunda una campaña presidencial en los Estados Unidos”

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