Luis Rodolfo Serra, el pequeño de voz gigante

Llegó un sábado y pasó la prueba de tal manera que se hizo el amigo y compañero más fiel de mis amaneceres de entonces.

Mucho café juntos, mucho cigarrillo contra reloj en un programa de 4 horas de duración y con la noticia determinando cada minuto.

«Falleció Serra en Las Tunas», leí este domingo. Pedro Martínez Arcos me enviaba el SMS que me levantó de la cama y me hizo quedar en silencio, con ganas de estar no sé donde todo el día.

Se desató un dolor que aún pesa. ¿Murió Luis Rodolfo Serra? Quiero pensar que no. Quiero seguir recordándolo jaranero y profesional, amigo y compañero sin condicionamientos.

Ya sé que su muerte no será titular de los grandes medios, incluso hay una generación de locutores y locutoras que no lo tienen en su imaginario.

Pero eso no viene al caso cuando se va un cubano que decía a viva voz lo mejor de la obra de este país y se escuchaba con atención, como uno escucha a los que saben decir.

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