Arnaldo Vargas Castro, un gigante de la Radio holguinera

Muchos años llevan los radioyentes escuchándolo con su hablar suave y pausado. Consagrado a su trabajo, no descansa en esta profesión que lo escogió a él para ser portavoz del cubano de a pie.

Es difícil -debo confesar- cuando se es apenas un retoño de periodista, entrevistar a una persona que más que un compañero, es un maestro para las nuevas generaciones que hoy llegan a la radio.

Sin embargo, como bien expresara Gabriel García Márquez, este es el mejor oficio del mundo y esta historia que se conjuga en los que cada día hacen posible que el pueblo esté informado, merece ser contada, de la propia voz de uno de sus protagonistas.

¿Quién es Arnaldo Vargas Castro?

«Es un hombre romántico, soñador; un hombre que ama mucho a su familia, su trabajo, a la tierra en que nació, y un martiano empedernido».

¿Por qué se hizo periodista?

«Me hice periodista por azar, en la vida real yo estudié Química Industrial, trabajé en eso y un día el Partido Comunista de Cuba (PCC) me ubicó como director de la emisora Radio Mayarí, y como había sido corresponsal, llevaba en la sangre el periodismo, aunque lo veía muy lejano; cuando ingresé en la emisora vi posibilidades reales, me presenté en la Universidad de Oriente a un examen de ingreso por oposición y me hice periodista. Creo que es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, porque mientras más pasa el tiempo y más cosas hago, más amo esta profesión».

¿Cómo se siente Arnaldo cuando ve estas nuevas generaciones de periodistas?

«Yo tuve la suerte de ser un periodista joven y admiro mucho a esa juventud; todo lo nuevo sale de la juventud. La juventud de hoy enriquece el periodismo con un lenguaje fresco, con las ideas renovadoras. Nunca deben pensar que se la saben todas, sino que deben aprender de los que cuentan con la experiencia de los años y poner esa experiencia en función del momento que les ha tocado vivir, para hacer esta profesión cada día mejor».

¿Qué legado dejará algún día Arnaldo Vargas?

«Creo que el mejor legado es mi ejemplo, yo he sido toda mi vida consagrado al trabajo y he hecho todo lo que me gusta y lo que no me gusta sobre todo con mucho amor, he puesto interés y ese espíritu mío es lo que les dejo, no solo a mis hijos, sino también a ustedes, las nuevas generaciones de periodistas».

¿Cómo ha sentido Ud. el periodismo a lo largo de los años?

«El periodismo ha sufrido muchos cambios, y no digo sufrir cambios en términos negativos; se ha ido enriqueciendo. En la misma medida en que la humanidad va despertando y va creciendo el interés por la información, cuando es objetiva por supuesto, pues el periodismo también se enriquece. El papel del periodista es enaltecedor pero muy comprometido y nuestro país es un ejemplo del periodismo con objetividad, con sentido crítico, que se hace para reflejar la obra de la Revolución, pero también para censurar aquello que la entorpece en la construcción de la obra diaria. Yo creo que estamos en un buen momento del periodismo, por esas nuevas generaciones que se van sumando y aportan ese frescor».

¿Qué retos cree usted tiene el periodismo en estos tiempos?

«Creo que debe ser como dijo Martí, crítico y creador. Tiene que ser objetivo. Hacerlo de una manera amena y fresca».

¿Cuál es el momento que más lo ha marcado como periodista a lo largo de su carrera?

«La vida del periodismo tiene muchos momentos, vivir la noticia cada día es algo que no cambiaría jamás. He cubierto muchos sucesos importantes y otros tristes, pero todo te deja una experiencia, uno aprende de cada cosa que hace cada día y sientes que nunca será suficiente».

La estatura…

«Si me miden de aquí al cielo soy bastante grande, mi tamaño no se puede medir por esta pequeña estatura, que un día se va a convertir en algo más pequeño todavía, sino por el corazón tan grande que tengo, un corazón afortunado que ha tenido muchas satisfacciones en la vida y porque la grandeza de mi espíritu, creo me hace grande».

A Arnaldo lo conocí aquella mañana de jueves. Conocía a Vargas, el intrépido periodista, desde mucho antes. Una vez lo conminé a gritos a bajar de una escalera, al día siguiente del paso por nuestra provincia de Holguín del huracán Sandy, se empeñaba en tomar una foto que ofreciera una vista panorámica del municipio de Antilla y mientras se tambaleaba como un trapecista en aquella escalera de un techo en ruinas mi corazón latía en la boca mientras decía para mis adentros: ¡se mata, hoy, sí se mata!, o lo mato yo del susto. Qué loco tan contento, pensé desde mi juventud. Solo hasta hoy comprendo que cosas como esas son las que hacen que un periodista como Arnaldo Vargas Castro, sea un gigante de la radio holguinera.

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