Héctor Echemendía Ruiz de Villa, entre los imprescindibles
Tengo la oportunidad de verlo actuar en el teatro, en nuestra ciudad natal, Camagüey, a finales de los años setenta, cuando se reanudan las actividades del Conjunto Dramático de Camagüey. Entre otras obras recuerdo El velorio de Pachencho y Pobre Papá Montero… Por eso muy poco tienen que alegar los compañeros del Conjunto Dramático de Camagüey, que ya trabajan como actores en Radio Cadena Agramonte, emisora provincial, que dirijo en 1984, cuando alegan la conveniencia de traer a Héctor y su esposa, la actriz Elsa Blanco.


La percepción de su existencia me llega siendo adolescente, a través de las canciones que escucho por la radio. No podía imaginar entonces que veinte años después tendría el honor de conocer y disfrutar la amistad de uno de los autores musicales más queridos del pentagrama nacional, un cubano de ancha sonrisa, penetrante y cariñosa mirada, que aún en momentos difíciles de su vida ha sabido levantarse y ser fiel a lo que enuncia en una canción que dedica a Teresita, su amorosa compañera “Lo que me queda por vivir será en sonrisas”.
La conozco en la década de los años setenta del pasado siglo cuando viaja a mi provincia, Camagüey, formando parte del equipo evaluador de directores de programas dramatizados. En ese momento ya su nombre se reconoce con gran valía entre el selecto grupo de directores consagrados de la radio nacional. Cuando llego a la capital en 1985, ya ella no se encuentra en la radio y se dispone a incursionar en la televisión.