Salamanca y Eddy, irrepetibles
En aquel verano de 1966 disfruté como todo el pueblo aquellas transmisiones que llegaban por las ondas nacionales de Radio Progreso, cuyas emisoras repetidoras repartían por toda la isla la voz amiga e inconfundible de Eddy Martin, que me dejaba ver cada gesto y cada jugada a través de mi amiga la radio. Entonces solo conocía lo que se había publicado sobre el Cerro Pelado y la odisea de nuestra delegación deportiva para trasladarse a San Juan, Puerto Rico, pese a la negación de que arribaran a naves aéreas y marítimas cubanas.


Eduardo Saborit es el creador de una música criollísima, que llega a lo más profundo del corazón para traer optimismo y tañer las fibras de la juventud del año 1961, la cual se lanza por llanos y montañas, con el propósito de llevar con las letras, la luz de la verdad. Verdad, que dibuja más tarde cuando expresa la crónica poética que según declara después el autor “una de sus mejores composiciones por la jornada que la inspiró”.