«Nocturno» y «Alegrías de Sobremesa»: Clásicos de la radio
Al recorrer con la mirada cuarenta años de un fecundo quehacer hay que reconocer la mayor virtud de un programa como «Nocturno»: saber adueñarse del corazón de «los sin edad», y no abandonar la cualidad que lo maquilló en sus orígenes, siendo fiel reflejo de lo mejor de la balada y de la canción cubanas.


En aquel verano de 1966 disfruté como todo el pueblo aquellas transmisiones que llegaban por las ondas nacionales de Radio Progreso, cuyas emisoras repetidoras repartían por toda la isla la voz amiga e inconfundible de Eddy Martin, que me dejaba ver cada gesto y cada jugada a través de mi amiga la radio. Entonces solo conocía lo que se había publicado sobre el Cerro Pelado y la odisea de nuestra delegación deportiva para trasladarse a San Juan, Puerto Rico, pese a la negación de que arribaran a naves aéreas y marítimas cubanas.