Caibarién siempre me reserva un momento especial. Tal vez sea el mar, otra vez el mar. Todos querían hablar, saber, tomarse una foto con ella, y yo pobre mortal, que apenas había visto la novela, tuve que descubrirla poco a poco. Adiviné su carácter detrás de cada gesto. Grabé su intensidad en cada sonrisa. Y su naturalidad abrumadora se me reveló, mientras el sol se ponía.
Heme aquí, tiempo después, rendido ya ante ella. Decidido a compartir los inicios, los descubrimientos, las historias de Yolepsis González Reyes, esta chica santaclareña que un día quiso entrar a la radio y…
“Mi abuela materna no se perdía las novelas de la radio, pasaba el dial de Radio Progreso a la CMHW y de esta a aquella, en la mañana y en la tarde. Desde niña ese era un mundo que, junto a los libros, me permitía soñar. Cuando regreso de la Habana a Santa Clara, después de terminar mis estudios en la desparecida Escuela Nacional de Instructores de Teatro ENIT, estuve dos años en un grupo de teatro y luego quise hacer radio; pero no tuve suerte. En aquel 1999, me dijeron que no necesitaban actrices.
“Hice un curso de locución y empecé a trabajar como conductora de programas en Telecubanacán, a donde casualmente, por causa del ciclón Michelle, había ido a parar el Dramático de la W. Estando allí, volví a insistir en ser parte de aquello que para mí era fascinante; pero, aunque la respuesta fue la misma que dos años antes, me dejaban estar dentro del estudio de grabación, oyendo y mirando. Así estuve por más de seis meses, hasta que una mañana, Luis Agesta Hernández, me dice: ¿tú crees que puedas reírte como una casa vieja? Le dije que sí, sin saber lo difícil que es reír frente a un micrófono, y más siendo…. una casa vieja, pero lo hice, y fue el inicio de un amor que dura hasta el día de hoy”.

La CMHW, o sencillamente la W como todos le dicen, es una marca. Suma una larga huella de excelencia, construida por varias generaciones. No es gratuito su slogan de “La Reina Radial del Centro”. ¿Cómo apretar ese día a día de Yolepsis frente a los micrófonos de una casa radial con tanta memoria?
“En la W llevo ya más de 25 años. He hecho locución, animación y por supuesto, actuación, por eso es un lugar entrañable y querido. Te voy a confesar algo: por suerte he podido hacer teatro, televisión y radio, y todavía hoy sigo considerando a la radio el medio más difícil para mí. En ese medio solo tenemos nuestra voz como recurso para dar vida a los personajes, por tanto, no basta con sentir, hay que aprender a trasmitir con organicidad lo que estamos sintiendo, quizá por eso es tan fascinante”.
El radioteatro Flor Loynaz, el eslabón de una cadena rota, ha sido una obra muy reconocida, que te mereció el galardón de actuación en el último concurso Félix B. Caignet. Aún con toda tu experiencia, asumir una vida al borde de lo increíble, imagino que ha de haber sido un trabajo recio. Y nuevamente con Ángel Luis Martínez como escritor… ¿Cómo se establece el diálogo entre guionista y actriz?
“La familia Loynaz es como un jardín variopinto, todos fueron extraordinarios, llenos de colores, de una intensidad apabullante. Imagínate acercarme a Flor, no ya desde la curiosidad que despertaron cada uno en mí, sino desde el compromiso de intentar descifrarla, desde la pasión de interpretarla.
“Desde hace muchos años, no sé cuántos ya, Ángel Luis Martínez escribe para mí un monólogo para un espacio de la W que se llama Cuando el amor se hace canción, pero a estas alturas sé que ese ya es solo el pretexto, que se ha convertido para los dos en algo extraordinario que esperamos cada vez para hacer los dos lo mejor que sabemos hacer. Es un privilegio para mí, uno inmenso”.
La telenovela cubana Regreso al corazón tuvo un gran impacto en el público. ¿Cuánto le debes en tu carrera profesional a esas incursiones en la pantalla y especialmente al personaje de Violeta? ¿Una vez ante la popularidad que pueden propiciar las cámaras, se vuelve a la radio de la misma manera?
“El personaje de Violeta en la telenovela Regreso al corazón fue un regalo, no porque me hiciera más o menos popular, sino porque me dejó a unas personas maravillosas que andan todo el tiempo revoloteando a mi alrededor, a pesar de que nos separan casi 300 kilómetros. Esta es mi segunda incursión en las telenovelas, pensé incluso que después de la primera, El derecho de soñar, que fue un trabajo hermoso, no volvería a hacer otra; pero Loysis Inclán, la directora de Regreso al corazón, es una mujer muy persistente, y creo que nunca acabaré de agradecerle su insistencia en que yo me convirtiera en Violeta.

“Pero no, no dejaré de hacer radio para hacer televisión. La radio forma parte de mi vida como una segunda piel. Y el teatro, que es como un buen amante, me seduce a cada tanto y me recuerda que estar frente al público y recibir con inmediatez sus emociones, siempre valdrá la pena”.
¿Cuántos personajes? ¿Cuántas veces has sido tu misma y a la vez otra?
“Te podrás imaginar que han sido muchas las mujeres en las que me he convertido, tantas, tantas. Podría decirte que siendo Xuchitl, Berta, Violeta, Amira, Soledad, Paula, Delmira, Clarisa, Amalia, Doña Pamela, Dolores, Flor… me he sentido como una mujer que ha vivido muchas vidas y lo mejor es la certeza de que me faltan muchas más. A cada una de ellas me he entregado con pasión y de alguna manera viven en mí”.
¿Sientes que ahora mismo la radio tiene poder para seguirle diciendo cosas a la gente, al cubano de hoy?
“De la radio te enamoras o no, y confío en que después de más de cien años, somos muchos los que la amamos, muchos los oyentes que son fieles y muchos, los que aportamos nuestras ganas para que perviva esa fidelidad. Por tanto, sí, la radio tiene el poder de seguir acompañando, animando, informando, instruyendo a todo aquel que se acerca a ella con el alma dispuesta a recibir emociones convertidas en palabras”.


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