El despertar de una ciudad insurrecta
La tranquilidad de la noche del 29 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba era la de un volcán al borde de la erupción.
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De la Prensa Cubana
La tranquilidad de la noche del 29 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba era la de un volcán al borde de la erupción.
La sorpresiva aparición del músico Silvio Rodríguez acompañado de su hija Malva, como parte del magnífico espectáculo ¡Fidel, habla, te necesito!, en la inauguración del Centro Fidel Castro Ruz, al citar sus versos de la emblemática canción Cuba va, simboliza la síntesis de una fundamentada conceptualización de los principios que han regido el obrar de su vida como trovador.
Era un nuevo preludio de laureles este mes del 27 luctuoso, «día sangriento en que una tumba rifó la vida y gozó la muerte de los ocho estudiantes de la Universidad de La Habana»*, cuando la historia, esa espiral que no termina, colocaba en la Cuba del siglo XXI a los herederos de los voluntarios que sirvieron a los colonialistas españoles.
Fidel está hoy con nosotros. Está en el ejemplo de su hermano Raúl; en el actuar del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; y en el resto de los dirigentes y funcionarios que los acompañan; en las estructuras del Poder Popular. Está también en los máximos cuadros de las diferentes organizaciones políticas y de masas; en fin, en toda la sociedad cubana que hoy le agradece su sapiencia, empeño y desvelos puestos en función de hacer de Cuba un país libre, soberano, faro de las ideas más nobles del ser humano.
La visión estratégica de construir un movimiento global de la solidaridad para acompañar a la Revolución Cubana desde su triunfo, ocupó al Comandante en Jefe Fidel Castro en su actuar coherente en defensa de la humanidad bajo el principio martiano de que Patria es humanidad.