Un llamado a la razón y la sensibilidad

Tengo la absoluta certeza de que – salvo muy escasas excepciones – a nadie le agrada la idea de provocar enfermedades o muerte a sus semejantes. Cuando nos enteramos de homicidios, guerras, accidentes y cualquier otro infortunio que en este sufrido planeta está a la orden del día, nuestra primera reacción es el espanto y, después, la censura y condena. La sensatez, el sentido común y la empatía nos mueven a comportarnos así. 

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