La injusticia tiene su antídoto
Allá, en un lejano paraje del mal llamado mundo en desarrollo, dígase mejor subdesarrollado, una madre joven de aspecto enfermizo pare una criatura de bajo peso, que presagia muerte; no podrá vivir más allá de su primer lustro.



Pablo no es apóstol, ni siquiera sacerdote. Tampoco soldado ni doctor. No es maestro, carpintero o padre ejemplar. Nunca será recordado como dirigente o administrador.
Es evidente que los grandes medios de comunicación del mundo rico sienten un verdadero festín ante sucesos bochornosos que atentan contra la dignidad de los pueblos y, en otros casos, contribuyendo al derrocamiento de gobiernos legítimos o cualquier hecho que suponga lucha por el bienestar, la paz y el decoro de las naciones.
Cuando se es viejo, honesto y amante de su patria, es muy comprensible que se posea la virtud de establecer criterios verdaderamente justos y opiniones apegadas a la más estricta verdad.