No es concebible nada más perverso
Si se pretendiera descubrir el límite de la maldad humana, solo sería necesario constatar un dato del año 2019 ofrecido por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), señalando que a nivel mundial, trabajaban más de 150 millones menores de edad, de los cuales una gran parte lo hacen en actividades muy peligrosas.


A estas alturas está más que demostrado que al gran mundo rico le interesa, como objetivo básico, que las personas pierdan gradualmente la percepción de las grandes realidades tan lamentables que sufre el mundo, porque la perversidad más inaudita se enseñorea para esconder la enorme injusticia que reina en nuestro mundo.
Lo que sucede hoy es que este señor, en su egocentrismo inaudito, ha llevado a su país a una situación límite, en una loca carrera por la supremacía del orbe, produciendo, en tal empeño, la polarización extrema de su propia nación.
Los conteos de las elecciones presidenciales en Estados Unidos conceden la victoria al candidato demócrata Joe Biden y a su compañera de fórmula Kamala Harris, primera mujer en la historia de Estados Unidos electa vicepresidenta, por añadidura mestiza e hija de inmigrantes (de madre india y padre jamaicano de raza negra), quienes crecieron en sus respectivos países de origen bajo dominio británico. Estados Unidos tampoco ha tenido a lo largo de su historia una mujer electa a su primera magistratura.
Los opulentos son también indigentes, pero de principios humanos y morales, es decir, carecen de sentimientos mínimos que favorezcan la convivencia decorosa y el respeto al derecho ajeno, como diría el ilustre mexicano Don Benito Juárez. Viven como verdaderos parásitos escondidos entre el oro y la abundancia.