Confiados en el futuro, seguro de nosotros mismos
Los conteos de las elecciones presidenciales en Estados Unidos conceden la victoria al candidato demócrata Joe Biden y a su compañera de fórmula Kamala Harris, primera mujer en la historia de Estados Unidos electa vicepresidenta, por añadidura mestiza e hija de inmigrantes (de madre india y padre jamaicano de raza negra), quienes crecieron en sus respectivos países de origen bajo dominio británico. Estados Unidos tampoco ha tenido a lo largo de su historia una mujer electa a su primera magistratura.


Los opulentos son también indigentes, pero de principios humanos y morales, es decir, carecen de sentimientos mínimos que favorezcan la convivencia decorosa y el respeto al derecho ajeno, como diría el ilustre mexicano Don Benito Juárez. Viven como verdaderos parásitos escondidos entre el oro y la abundancia.
A estas alturas de nuestros tiempos, y tras el peso brutal que Cuba viene sufriendo desde hace 60 años a consecuencia del bloqueo, es más que evidente el macabro objetivo que persigue EE.UU. no solo contra su socialismo y gobierno, sino –y fundamentalmente- contra el pueblo rebelde que no acepta ni aceptará jamás ningún yugo o sometimiento.
También se puede asegurar que las elecciones presidenciales en EE.UU. constituyen, en la práctica, una absurda y desvergonzada forma de anti democracia. En realidad es algo más, porque se trata de una verdadera burla a su propio pueblo, ya enajenado y hasta drogado por un sistema que, desde antaño, fue diseñado sobre bases de egoísmo y supremacía a ultranza.
La alegría inunda nuestra alma nacional. Estamos celebrando el Día de la Cultura Cubana, realidad devenida durante siglos – cuya dinámica evolución continúa -, y que tiene como referente iniciático aquel 20 de octubre de 1868, cuando en el indómito Bayamo se cantó por primera vez nuestro Himno Nacional Cubano.