El narcisista malvado
Es cierto que los distintos emperadores que han pasado por la Casa Blanca jamás han contribuido al bienestar de la humanidad; aunque sí al engrandecimiento de un sistema que, por naturaleza, es perverso y egoísta para beneplácito de la élite de poder o mejor decir, del 1%. Pero el caso Trump difiere de aquellos porque le “adornan” características muy singulares.


A estas alturas, nadie debe dudar que la criminal ley Helms-Burton es un instrumento concebido para aniquilar a un pueblo que es dueño de su destino, tras haber luchado tanto por su dignidad plena.
Ciertamente. Se trata de una plaga mortífera que, poco a poco, viene destruyendo todo lo bueno que el hombre ha creado a través del tiempo y en cualquier rincón del mundo.
El tema de la ilegal ley Helms-Burton acapara, con toda lógica y razón, el espectro informativo de nuestros medios. No debe ser de otro modo; cierto es que ya nos hemos acostumbrado durante 60 años a recibir todo tipo de ataques, consecuencia de nuestra vocación por la libertad, algo que la bestia imperial no tolera.