La isla que quieren asesinar

La isla que no se rinde

No incurriré en preámbulo, tan solo en recordar a los olvidadizos, los insensibles y hasta apátridas, los innegables logros que Cuba obtuvo, incluso cuando ya existía el bloqueo que hoy asume una crueldad incalificable. Por tanto, me dedicaré a mencionar solo lo más relevante según mi modesto criterio. Vamos allá:

Múltiples reconocimientos por su sistema de salud por parte de la OMS y la OPS, sobre todo por su enfoque preventivo y solidario internacional; ha eliminado la transmisión materno-infantil del VIH; desarrollo de vacunas propias; creación de la Brigada Henry Reeve, reconocida por su labor ante emergencias; por supuesto cobertura gratuita; alta densidad de médicos por habitantes; énfasis en atención primaria, baja tasa de mortalidad infantil (5 x 1000); esperanza de vida alta (78-79); vacunas para el tratamiento contra el cáncer de pulmón y pié diabético.

No debo olvidar la creación de un Complejo Científico de prestigio internacional; ser pionera de injertos de corazón e intervenciones quirúrgicas de alta complejidad en América Latina; la creación del Médico de Familia en consultorios diseminados por todo el país y la denominada Operación Milagro, para las operaciones de cataratas, ayudando a infinidad de países de bajos recursos.

En Educación y Cultura no es posible desconocer un trabajo también encomiable. Vale solo mencionar, en ambos casos su total gratuidad para todos los segmentos de la población, desde niños hasta ancianos. Al respecto mencionamos escuelas en todos los parajes del país, incluyendo apartados con una escuela integrada por solo 3 o 4 alumnos; la creación del método “Yo sí puedo”, para contribuir a la eliminación del analfabetismo en muy diversos países; Casas de Cultura en todos y cada uno de los municipios de Cuba.

No es posible olvidar el desarrollo fabuloso del deporte a partir del triunfo de la Revolución. Baste mencionar las 45 Medallas Olímpicas en Atletismo, colocándonos en un lugar privilegiado en Latinoamérica. Tampoco es posible opacar el eficiente sistema de Defensa Civil que ha contribuido en mucho a salvar vidas ante desastres naturales.

Apuntemos también que fuimos el primer país de América Latina en declararse libre de analfabetismo y, consecuentemente, el arduo trabajo desarrollado por Cuba para eliminar tal flagelo en otros países.

Pero hay muchos más ejemplos que no caben en pocas cuartillas y requieren, incluso, amplias explicaciones. Digamos el fabuloso logro de la Revolución para colocar, en su justo lugar, el papel de la mujer, no solo reconociéndola en la sociedad, sino además, enalteciéndola como ser imprescindible, sin la cual ya, es imposible concebir a la sociedad cubana. Compruébese en las ciencias cubanas, pues ya ocupan una muy alta presencia.

Por supuesto, comento sin extremismos: Aún queremos insistentemente luchar contra el racismo, mal que se ha enfrentado, pero que aún se aprecian rezagos de tanto horror heredado de siglos anteriores; problemas de burocracia que tanto daña la economía nacional, y otros males como la ocurrencia de algunos focos de corrupción y otros males generados por nosotros mismos que nos obliga permanentemente a erradicar. Pretendo concluir por el momento. No obstante, quedar en el tintero otros logros para un próximo comentario.

Debo terminar con algunas breves reflexiones: en términos cualitativos existe una distancia tan grande entre la Cuba de ayer y la de hoy que no es posible, y diría que hasta ridículo, hacer comparaciones. Cualquier persona honesta puede preguntarse cómo sería nuestra querida isla de Cuba de no haber recibido hasta hoy el zarpazo del imperio en su loca carrera por destruir todo lo bueno que se logró.

¡Que nos falta mucho por sentirnos satisfechos? Claro que sí. Nunca renunciaremos a barrer del camino todo lo que impida construir una sociedad, sino perfecta, al menos muy parecida. Y esa es la Cuba que no respeta los derechos humanos y la democracia, la que no contribuye a la lucha contra el terrorismo, la que no quiere incorporarse al grupo de naciones que tienen una democracia de mentirita; sin embargo, es la que dedica sus energías en solidarizarse con los pobres y marginados de siempre, la que lucha sistemáticamente contra la injusticia, la que no ve en el gran capital la solución para este sufrido mundo, sino aquella que enaltece la condición humana con sus ansias de paz y fraternidad entre las naciones.

¡Esa es la Cuba que el imperio quiere aplastar, porque es su negación, es como un ejemplo inadmisible, insubordinado, valiente y corajudo que puede poner en peligro, con su ejemplo, el sacrosanto sistema abominable del capital por encima de los más caros intereses de los pueblos, que solo aspiran a respeto.

Ha dicho este “buen señor”; No tienen nada”, “no tienen dinero”, “no producen nada”, “no tienen petróleo”, y entonces afirma que: “lleguemos a algún acuerdo, siempre con nuestras condiciones” o “no sé”, es posible tomarla”. Es decir, con un planteamiento un tanto burdo: el lazo lo aprietas alrededor de nuestro cuello, y cuando estamos a punto de morir ahogados, es el momento en que el gran señor nos afloja un poquito para que recibamos el “favor imperial” de recibirnos en su seno, pero en condición de protectorado o, quizás, si tenemos suerte, en el Estado 51 o 52, o 53, según tenga el capricho el gran señor.

Oiga, ser anómalo: si estamos como estamos es porque ustedes están tratando de ahogarnos hace ya más de 60 años. Y ahora, se permiten el cinismo de afirmar que estamos mal y ellos quieren “resolver el problema”, claro en maridaje ideal con el señorito Rubio. Ni Nerón, ni Hitler, ni Mussolini tienen perdón, pero ni usted, ni su pareja tampoco. Ni perdón ni olvido.

“Mientras unos se preparan para deslumbrar, para dividir, para intrigar, para llevarse el tajo con el pico del águila ladrona, otros se disponen a merecer el comercio apetecido con la honradez del trato y el respeto a la libertad ajena. José Martí

Foto: Reno Massola / Cubavisión Internacional

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