Olivares, el poeta-locutor

Arístides Mejías Raymond, camarada de oficio en CMKS, recibió también el diploma acreditativo de manos del cineasta Santiago Álvarez, a la sazón Presidente del Consejo Artístico Nacional.

Pero tampoco debe su celebridad a ese otorgamiento, ni siquiera a su pertenencia al Tribunal Examinador Nacional de Locución, del cual formó parte desde 1990 hasta su jubilación, sino a un conjunto de décimas interpretadas por el afamado trovador Joseito Fernández, con el conjunto Los Sonoros.

«Cantares a Guantánamo», considerada la única Guantanamera dedicada a la Villa del Guaso, fue llevada al acetato en los pasados 70 por Joseito, autor de obras de ese género, boleros y guarachas, entre las que figuran Amor de Madre, Así son, Boncó, y Elige tú, que canto yo, popularizada por Benny Moré.

Según contó el Rey de la Melodía al camarógrafo Oscar Borges, él solo cantaba obras de su propia cosecha y de José Martí, pero hizo la excepción con la composición de Pérez Olivares, por la impresión que le causaron la fluidez exquisita y el revolucionario contenido de las décimas del guantanamero.

Algunos de los versos grabados en tiempo de guajira por el Rey de la Melodía, aluden a la única frontera artificial de Cuba, la ilegítima base naval estadounidense, enclavada en suelo cubano desde 1903:

De las regiones de Oriente/ algo te hace sufrida/ y es que brota de tu herida/ a raudal sangre caliente/ Guantánamo, tú valiente/ no admites una conquista/ quién duda que se resista/ en defensa de tu suelo/ si te mantienes en duelo/ con la bota imperialista
Tampoco se ha sustraído a la inspiración del bardo, la Ciudad Primada de Cuba: Baracoa con pincel/ y multicolor paleta/ quiero pintarte completo/ y esculpirte con cincel/ recogerte en el corcel/ que galopa y corta el viento/ no quiero que el pensamiento/ se me aparte de tu historia/ donde radica la gloria/ que te hizo…Monumento

En sus cortos ocios, junto a su esposa Chela, no vacila en aconsejar a los jóvenes que se inician en el oficio de la cabina y el micrófono, que para ser locutor no basta con una voz agradable, buena dicción y dominio de los tonos, y que se precisa una superación permanente y cultura general mínima.

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