¡Vas bien FIDEL!

Nosotros los cubanos  no somos ni tolerantes, ni implacables, si no, que lo digan los españoles, quienes durante siglos colonizaron nuestra isla, sin embargo sentimos un apego especial por la cultura de la tierra de Cervantes y admiramos a su gente porque allí también hay un poco de nuestro árbol, Fidel siempre nos ha enseñado a actuar así. Nos gustaría conversar y estrechar los nexos de amistad con los norteamericanos, pero no podemos, es un delito, lo prohíbe la administración yanqui. Así todo el respeto y el cariño por la gente de Estados Unidos es grande, Fidel es el primero que lo experimenta de esa forma.

En esta isla que nacimos y donde convivimos más de once millones de cubanos no hay descanso, somos leales a nuestro tiempo, no se nos puede engañar y menos someternos a una seudorrepública como aquella que NO nació en 1902, sino fue impuesta por una enmienda fruto del entreguismo, en un momento donde las fuerzas estaban diezmadas, divididas y las órdenes llegaban desde el norte revuelto y brutal después de habernos arrebatado el triunfo frente al colonialismo español.

Desde mediado del siglo pasado un hombre nacido entre cañaverales y montañas se enfrentó con aquella triste realidad y la venció. Fidel desde el primero de enero de 1959 se compenetró como nadie con la gente humilde, con el negro, hasta entonces tirado a la basura y sometido durante años a la servidumbre, de pronto, como de la noche a la mañana, se vio libre, se sintió persona.

En estos 50 años en su permanente quehacer, Fidel se ha compenetrado tanto con su tierra y su pueblo, se ha ligado profundamente a nuestro destino que es un símbolo indiscutible desde que subió los escalones del Alma Mater. Al cabo de medio siglo reparte los sueños de aquella universidad por toda Cuba, los extiende al continente y a todo el universo. Eso molesta a la raza de los que odian. Fidel es la fuerza de la nación y la gente lo sabe, el niño lo conoce, el más viejo lo confirma. Somos optimistas, soñadores, sencillos, enamorados de la obra de la vida.

No soportamos la injusticia o que alguien pretenda ponernos la bota encima, repudiamos a los serviles, a los que se arrastran y al mismo tiempo compartimos nuestro pan con los más pobres. Los cubanos sabemos compartir tareas y trabajar mejor cuando el jefe no está; y eso es una cultura de hacer miel como las abejas en su colmena. Así vivimos nosotros. Así somos los cubanos, nos parecemos a él, a Fidel.

Fidel vestido de lo que es: un atleta indetenible, nos sigue mostrando  que está de nuevo en las pistas del pensamiento, de las ideas, que su retentiva es la de siempre. ¡Fidel se ve bastante bien!, me dijo Genoveva una de mis vecinas, mientras otros exclamaban ¡está enérgico! La alegría del pueblo es palpable, luego de su último encuentro con los intelectuales, en la recién concluida XX Feria Internacional del Libro. 

Ahora, Fidel, resurge como lo que es: un titán frente a los avatares, que resistió las múltiples pruebas del quirófano y vuelve a renacer con la misma fuerza de su prodigiosa memoria al recordar cada uno de los detalles de su vida en la Sierra Maestra. ¿Qué nos trae Fidel cada día?

Fidel con sus largos dedos y manos tal como las pintó  Guayasamín nos trae  el aliento de la patria, en espera de tantos meses. Ya no hay secretos. Sus ademanes y gestos acompañados de manera armónica por su voz, arma insustituible. Vuelve Fidel, el mismo que ya absolvió la historia de la humanidad. El árbol de la patria nos retorna la alegría.

Claro que tenemos que estar contentos al verlo y palparlo desde la sala de millones de cubanos que lo abrazamos y hasta conversamos con él. Fidel es un eterno batallador, sus ojos irradian confianza y fe. Desde mediados del siglo pasado, este hombre nacido entre cañaverales y montañas por el Mayarí irredento se enfrentó con la triste realidad de la colonia- pintada con colores del imperio- y la venció.

Fidel desde el primero de enero de 1959 se ha compenetrado como nadie con la gente humilde, con el negro, con los niños, jóvenes, combatientes y él mismo no ha dejado de estar en la Sierra.

Así vivimos nosotros. Así somos los cubanos, nos parecemos a él, a Fidel. Ahora cuando volvimos a verlo en la pequeña pantalla, una imagen grande, tan gigante como la de siempre, nos devuelve la tranquilidad y es como…si Camilo volviera con su célebre frase dirigida al indetenible atleta ¡Vas bien FIDEL!

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