Malanga en el corazón

Esa imagen del Timbero Mayor llenará el espacio de la Novela Cubana de Radio Progreso, cuando a partir del 19 de agosto se estrene el dramatizado La rumba en el corazón.

Para conocer pormenores de esta radionovela JR conversó con su autor, Omar Dugués Álvarez, la directora, Caridad Martínez y la asesora, Georgina Granda.

Alumbramiento de una idea

Omar recuerda haber leído un trabajo publicado en nuestro diario, donde se hacía referencia a lo poco que se sabe de la vida de Malanga. «Aquella me pareció una historia interesante y decidí tomarla como punto de partida para hacer un guión de cine, el cual obtuvo premio en la categoría de guión inédito en la edición del Cine Plaza de 1998. Años después esa idea tomó cuerpo en esta novela para la radio, que constituye un acercamiento al ídolo desconocido».

Uno de los mayores atractivos de la obra radica en la forma en que fue concebida. La trama se inicia en la actualidad, con una familia cubana integrada por tres personajes. Dos de ellos son trabajadores del medio radial, enfrascados en un dramatizado que aborda, precisamente, la vida del mítico rumbero. A la par de la historia central, se va contando esta otra, con la cual el oyente tiene la posibilidad de aproximarse a la rutina productiva y al proceso de realización de una radionovela. Es como un trampolín temporal y espacial que sumerge a la audiencia en una u otra época o situación.

Para algunos actores constituye un ejercicio exigente. Deben desdoblarse en un abrir y cerrar de ojos, pues interpretan dos personajes. Tal es el caso, por citar un ejemplo, de Marlon Alarcón Santana, quien le da voz al padre de familia y es, a la vez, narrador de la radionovela.

Reconstruir el pasado

Explica Georgina Granda que el contexto de la época se aprovechó en función del desarrollo biográfico del personaje de Malanga. «Los elementos de la realidad, a la vez que nutren el contexto histórico y le van dando forma, funcionan como resortes plagados de una fuerte carga simbólica, que permiten tejer los hilos de esta historia de ficción».

Un elenco donde se acoplan experiencia y juventud da vida a los personajes. Así, la figura del Timbero Mayor vuelve a la vida en la actuación protagónica de Félix Soler; el papel de Funciana, la madre de Malanga, lo asume Teresita Rúa; mientras Humberto Páez interpreta al padrino Serapio.

La reconstrucción de un tiempo pasado supone un complejo proceso. Se hace alusión a un asunto tan importante como el lenguaje y su correcto empleo. A decir de Caridad Martínez, reconocida directora del medio radial, «a pesar de que los conflictos de la obra se enmarcan en un ambiente marginal, de barrio y de guapería, no se recurre a términos propios de la jerga de ese entorno, pues el desborde de lo que conocemos como “malas palabras”, es innecesario para situar al oyente o enriquecer el relato. Si bien no se omiten detalles que le permiten al auditorio dibujar en su cabeza la escena que escucha, no se cae en la chabacanería».

La música, otro ingrediente esencial, deviene personaje omnipresente. Un extenso proceso de búsqueda, selección y empleo de los números musicales requirió la labor de musicalización a cargo de Iván Pérez. La rumba en toda su extensión, y obras de compositores como Alejandro García Caturla, Rodrigo Prats y Gonzalo Roig, integran el universo sonoro que ambienta la historia y que encuentra su complemento en los efectos de sonido realizados por Reinaldo Hernández.

«La concepción de un trabajo de época exige mucho», señala Caridad. Sin embargo, «la experiencia ha demostrado que en ocasiones escribir acerca de un tema actual implica superar mayores desafíos». La imaginación se despoja de cadenas que constriñen la posibilidad de recrear, «remitirse a un pasado con escasos referentes, como es la vida de Malanga, brinda mayor libertad a la hora de recomponer un tiempo».

Tributo a la rumba

En la imagen, parte del colectivo del espacio Novela Cubana, que estrenará próximamente una radionovela dedicada al popular rumbero Malanga/ Foto: Cortesía de la fuenteAsegura Caridad Martínez que esta obra «propició un acercamiento directo con la rumba más allá de su esencia como género musical, sino como elemento constitutivo de la idiosincrasia y las raíces del cubano». Su larga carrera se erige como aval que le permite reconocer que todos los trabajos no se quedan igual, pero este «ha sido especial por la significación que tiene para nuestra cultura».

Por su parte, Georgina lo percibe como un viaje de redescubrimiento de la rumba. «Me permitió abrir los ojos ante la realidad de que es un género que trasciende los apuntes en una libreta, el golpe en un tambor, o una consulta bibliográfica, porque se reafirma como una presencia que llevamos dentro todos».

Para Omar Dugués Álvarez, impenitente amante de la historia, incrementó sus deseos de seguir indagando en los vericuetos de un hecho, en las intrigas y pasiones de una persona; y en los callejones estrechos y menos transitados de la vida.

Con un ambiente recreado en 56 capítulos de 18 minutos cada uno, de lunes a viernes, la emisora Radio Progreso palpitará con La rumba en el corazón, un homenaje a Malanga y a los rumberos cubanos.

Un estilo incomparable

José Rosario Oviedo fue el nombre que le dio su madre, Funciana, pero la historia lo conoce como Malanga, el Timbero Mayor. Nació el 5 de octubre de 1885 en Sabanilla del Encomendador, un pueblito de la provincia de Matanzas.

Del Timbero Mayor es poco conocido que se ganó la vida como auxiliar de publicista del Partido Liberal y como contratista de braceros para los centrales de la zona. Dejó grabado su nombre, con la fiebre de su baile, en cada bembé. Fue envidiado por muchos hombres y deseado por las mujeres. Fue la pasión de la rumba personificada.

Según contó Isaac Oviedo, compañero de baile de Malanga, en el trabajo de Leonardo Padura titulado La última rumba de José Rosario Oviedo y publicado en nuestro diario en 1987, «Malanga era incomparable (…) había que verlo como se movía con los ojos vendados y un vaso de agua sobre la cabeza. Cogía dos cuchillos y empezaba a “matarse” y se daba mil puñaladas a una velocidad increíble, pero no con los pies parados, como lo hacen algunos, no, sino bailando, sin perder jamás el paso ni el ritmo. Si alguien te dice que ha visto otro rumbero igual, puedes decirle tranquilamente que es mentira, porque ese no vio a Malanga».

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