Radio Siboney: 48 años de música y compañía

La CMDV cuenta con voces autorizadas que hicieron su historia, que hacen el presente…Una de esas voces autorizadas fue la de José Julián Padilla Sánchez, Artista de Mérito de la Radio Cubana y merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional. Medio centenar de premios en su haber le avalaron reconocimientos logrados a partir de su consagración. El perderlo fue muy duro. El testimonio que una vez me diera es invaluable:

«Comencé en Radio Mambí de manera voluntaria con un espacio de jazz, y en «Siboney» he sido director, productor musical y escritor de dos programas especializados: El mundo de la música y Semblanza Musical».

«El primero fue dedicado a enaltecer los valores de la música sinfónica y de cámara, en tanto Semblanza se ocupaba de la música coral, de ópera y zarzuela. Durante unos quince años estuve con un colectivo muy profesional: la locutora Kenia María González y María Elena Pineda como grabadora, así como con Miguel Ortega en algunas ocasiones».

«En todos esos años, pudimos hacer ciclos de música culta, coral, sinfónica; ciclos de estilos y autores, una diversidad de ofertas estético musicales con grandes orquestas y directores».

«Aunque ya no están en el aire, cumplieron el cometido de brindar, desde una emisora municipal, propuestas de alta factura, en una ciudad como Santiago, con Orquesta Sinfónica, agrupaciones de cámara, sala de concierto y conservatorios».

Será bueno recordar asimismo los aportes del tenor Daniel Vázquez quien durante un tiempo escribió los programas Escenario lírico y Cancionero coral, que distinguieron a la emisora con su autoridad y música propia.

Si el micrófono es pasión ahí está Kenia María González. Aunque entró a la radio en 1980 desde otras especialidades, fue la locución quien la sedujo definitivamente. En 1996 se integra oficialmente al colectivo de Radio Siboney.

«La locución presupone para mí un gran compromiso en la vida y el arte. Este controvertido oficio es necesario que lleve sus parámetros técnicos, pero no se pueden olvidar la personalidad y el sello. Ahí está la posibilidad de comunicar, de hacer ver a través de la palabra».

«El locutor es un enlace entre la radio y el que escucha, no un pasivo lector de lo que está escrito. En Radio Siboney, es alguien que personaliza lo que dice».

«No podría explicarte con palabras lo que sucede en mi cuando leo textos de alto nivel cultural, humano, musical… La palabra deja de ser letra, palabra seca y fría, para convertirse en sentimiento».

Más jóvenes en edad, pero ya ricos en experiencias, Zulima Nicolau Lahera y Misael Lageyre Mesa también tienen historias que contar.

Ambos comenzaron a principios de los noventa, alcanzaron la licenciatura en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales en el Instituto Superior de Arte (Holguín) y han seguido una senda constante en sus propuestas.

«Radio Siboney es parte importante de mi vida como profesional y en el ámbito personal. En primera instancia, porque es el medio radial lo que más se emparenta con mi forma de ser, con mi personalidad», explica Zulima.

«Siboney está en consonancia con la parte de la cultura que amo y defiendo: la de mayor sensibilidad y compromisos con mis ideas artísticas y espirituales. Además, porque es la música instrumental ligera algo que disfruto profundamente».

Zulima se caracteriza por su seguridad. Dirige desde el 2004, Música y algo más, programa de variedades, espejo de lo que ocurre en la cultura santiaguera, con sus noticias y protagonistas.

La realizadora encabeza los colectivos del noticiero Entrearte y de Iluminados para la sabiduría. Se trata este último de una de los más novedosos programas, dedicado a la música en función terapéutica y escrito por la periodista Aimé Sosa Pompa.

«En mis años de experiencia he sido partícipe del crecimiento y desarrollo de Radio Siboney. Aunque se encuentra en un momento de renovación y reajuste de perfil, pienso que debe por encima de todo, salvar lo logrado y preservar lo valioso del diseño actual».

Misael Lageyre entró a este universo como realizador de sonido y allí se mantuvo durante diez años. Su tesis de graduación (1998) fue al mismo tiempo, el diseño sonoro de la emisora.

Sus programas -ora desde la dirección, ora desde la escritura- se caracterizan por su distinción musical y el rigor de su puesta en bocina.

«Tuve la oportunidad de crear un nuevo espacio: En todos los sentidos, un variado de ciencias, tecnología, curiosidades, reflexiones… que me permitió poner en práctica conocimientos y ganas un tanto personales».

Este joven, que recibiera en 1997 el premio del Festival Internacional Imago (especialidad radio), halló aquí algo más valioso: «Radio Siboney es mi otro hogar, donde me siento a gusto y donde las relaciones humanas y profesionales me llenan espiritualmente. Los oyentes se han vuelto amigos que se preocupan por todo».

Desde la asesoría, también puede opinar Ana Gloria Cámbara Cuba: «El trabajo de las asesoras es muy peculiar, porque contrario a lo que pudiera pensarse, la singularidad de la emisora exige de mucha autopreparación, entre otras cosas por la característica del oyente: conocedor, estudioso y exigente».

«Un dato ambiguo que el asesor no detecte, el oyente fácilmente lo percibe y está en disposición de dialogar y debatir sobre la programación. El asesor dictamina, aconseja, discrepa, analiza, confronta, es amigo compañero y sobre todo crece espiritualmente para él y para los demás».

Por supuesto, en este recuento nadie podrá olvidar a la desenfadada locutora Felita Martínez, todo un carácter en el micrófono. Su voz identificó la radioemisora durante dos décadas.

Tampoco a Lucía Dalis Mustelier, ejemplo desde la locución o la dirección, a pesar de sus severas minusvalías físicas. Con sus deditos sabía enlazar música y voces. Era pequeña como una semilla, pero volvía grande lo que tocaba.

En su propia casa nos sentamos un día, para diseñar el primer noticiero en la historia de la emisora («Entrearte») que salió al aire el 2 de febrero de 2001. Mucho se le debe a ella que la revista Música y algo más ganara en espesor cultural. «Perdí mi nombre y me convertí en Radio Siboney», refirió emocionada Lucía Dalis.

Un día a mediados de los setenta, llegó desde Radio Baraguá en Palma Soriano… y se quedó en Siboney para siempre.

Gisela Gaínza es una dama. Lo supe desde la primera vez que la vi en la fonoteca, entre cintas y estantes. Ya está jubilada, pero su huella sigue incólume. 

La elegancia también la acompañó en los micrófonos: «Descubrí la importancia de una buena comunicación, el saber llegar a las personas con palabras sencillas. Una vez conocí a un oyente que había perdido a su madre, y me dijo que yo era muy importante para él, que cada vez que escuchaba la radio, sabía que yo estaba allí».

«Son esas cosas por las que uno se dice después: valió la pena tanto sacrificio, tantas horas, valió la pena todo lo que hicimos por un salario tan modesto. Hemos acompañado a toda una generación de oyentes, les hemos enseñado a amar la música instrumental».

Sin embargo, en medio del período especial, las circunstancias del país la tocaron. Y exigente consigo misma, decidió pasar de la cabina a la fonoteca: «Aquí se concentraba la memoria musical de la emisora, es su corazón, y más en una como esta. Alguien tiene que cuidarla, que preservarla. Sólo lamento los pocos recursos que tengo a mi alcance que no me han permitido hacer lo que hubiese querido».

-Durante una década fuiste la voz que identificó la emisora. ¿No asusta un poco eso, qué se siente?

«Escucharme como la voz que identificaba el esfuerzo, el trabajo y la entrega de tantos compañeros… siempre emociona. No sabía donde me iba a meter, porque siempre estuve un poco insatisfecha con lo que hice».

«Tal vez haya que estar adentro para sentirlo, pero era una mezcla de alegría, pena, orgullo, y mucho compromiso. En el barrio, en la bodega, en el consultorio… te reconocen, saben que eres tú. La imagen que yo daba era también la de la emisora, y eso es algo muy serio».

Ser fiel a la tradición no es apegarse a las cenizas, sino a la vitalidad. La digitalización sucedió al trabajo con las cintas magnetofónicas, y se sumaron integrantes valiosos al colectivo como el operador de sonidos Ismael Perdomo -sensibilidad y precisión-, así como Taiyana Garbey, poseedora de un cálido timbre ya reconocido.

Hay un antes y un después para los radialistas de «Siboney». La especialización de esta planta radial en el mundo cultural, exige un diseño creador en el aspecto informativo.

A su programación se incorporó un colectivo periodístico que permite a la emisora insertarse con verdadera profundidad en el espacio cultural de su entorno, en su actualidad y trascendencia, así como proyectarse al mundo a través de su página web.

Los protagonistas de este aspecto son ahora mismo: Eric Caraballoso Díaz, Maritza Mora Ochoa, Lourdes María Soto Serrano, Dorellis Estiú Cantillo, y el autor de este recuento. Todos bajo la orientación de la Licenciada María Mercedes Besse Ramírez, directora del órgano de prensa y de la propia radioemisora.

Se ha privilegiado no sólo la cobertura múltiple de eventos (La Fiesta del Fuego, Boleros de Oro, Festival de la Trova…), sino además la crítica artística y literaria, las entrevistas a personalidades, la valoración de estrenos y conciertos. La música habita en un lugar esencial de su espectro, pero un amplio abanico de sucesos artísticos encuentra eco en sus reportes.

Cuando se inauguró en 1989 la Sala de Conciertos Dolores, una de las de mejor acústica del país, Radio Siboney estuvo allí.

La CMDV ha transmitido en vivo (y en exclusivo) eventos como los Festivales Internacionales de Coros y ha grabado in situ conciertos y presentaciones. Es una línea de enriquecimiento de su patrimonio musical y de proyección que debe recuperar.

Tiene un público comprometido. Así lo atestigua la fiel oyente Esperanza Pubillones Sánchez (Pampi), quien expresa que la complicidad con «Siboney» le proporciona música y compañía. «El slogan que ustedes tienen, se cumple con lo que hacen. La música me ayuda, me entretiene y me sosiega. Las voces son un toque de compañía. Con ustedes, nunca me siento sola».

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