El clamor de la Pachamama

Ha prevalecido la vieja costumbre a pesar de que los conquistadores quisieron arrancarles a los pueblos de Nuestra América sus tradiciones identitarias. Por eso cada año, en el mes de agosto, las comunidades quechas celebran el día de la Pachamama, y cerca de cada hogar se entierra una cacerola de barro llena de comida, junto con bebidas alcohólicas y la típica chibcha. El propósito es dar alimento a la Madre Tierra, a la Pachamama. Como expresión ritual, se atan al cuello, muñecas y tobillos unos cordones tejidos con hilos blanco y negro para evitar el castigo de la Pachamama.

 

No es precisamente el mes de agosto, pero esta vez no sólo los pueblos quechuas, sino buena parte del mundo se ha congregado en Bolivia, tierra de los descendientes que veneraban y siguen venerando y amando a la Pachamama, para asistir al clamor de la Madre Tierra que hoy sufre la herida, casi mortal, de quienes desmedidamente la saquean para beneficio propio.

La Primera Conferencia Mundial de los pueblos sobre el cambio climático y los derechos de la Madre Tierra es el acontecimiento planetario que da continuidad al intento que hace pocos meses en Copenhague, Dinamarca, concluyó en triste fracaso por el empecinamiento de las grandes potencias industriales, renuentes a limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y seguir contaminando el medio ambiente. Más de 35 mil asistentes se expresaron a nombre de las fuerzas sanas y honestas de este mundo para responder al clamor de un planeta que se arruina por cuenta del desenfrenado afán de enriquecimiento de unos pocos que, sin querer hacerse conscientes de la gravedad del problema, exponen al desastre a toda la vida de nuestro planeta.

El presidente de Bolivia Evo Morales tuvo esta encomiable iniciativa desde tierra andina. A la cita asistieron mandatarios de los países que integran el ALBA, de toda América Latina y representantes de movimientos y organizaciones sociales, indígenas y científicas para analizar las causas reales que provocan el cambio climático. No se trata de un acontecimiento político, sino esencialmente científico y de prioridad para todas las especies, principalmente la humana, que es responsable de cuanto ha ocurrido y pueda ocurrir en el presente y el futuro.

En palabras del propio mandatario boliviano, la Conferencia «abre una esperanza al mundo para luchar por la vida y la sobrevivencia del planeta». Como siempre lo ha hecho Fidel, hoy Evo Morales toma la bandera en defensa de la vida planetaria. Recordemos que en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo, que tuvo lugar en Río de Janeiro, en junio de 1992, Fidel expresó que «si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra».

Esta vez en Bolivia, el compañero Esteban Lazo, vicepresidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, en su intervención aseveró que “la lucha por la defensa de la vida pasa hoy, indiscutiblemente, por la necesidad de abolir el sistema capitalista con su estilo de vida y patrones de producción y consumo que arruinan el medio ambiente y conducen al hombre a una carrera desenfrenada hacia su autodestrucción”. Más adelante dijo que “es intolerable que el ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo sea superior al ingreso de los 416 millones de personas más pobres”. Es asunto de sentido común, y no de credo político, como quieren hacer ver algunos, que la salvación de este planeta y todas sus formas de vida pasan, inexorablemente, por el cese de los privilegios de escasas familias que con sus lujos y excesos arruinan la naturaleza, al tiempo que privan a inmensas mayorías de seres humanos de la posibilidad de tener acceso adecuado a la alimentación, los servicios médicos y la enseñanza elemental. Ignorar semejante imperativo fue la causa del fracaso de la Conferencia de Copenhague, donde más que el sentido común se impuso “la falta de voluntad política de las naciones más desarrolladas para alcanzar compromisos ambiciosos de reducción de emisiones y a la práctica fraudulenta y excluyente que allí primaron”, en palabras del propio compañero Lazo.

La Conferencia Mundial de los pueblos sobre el cambio climático y los derechos de la Madre Tierra concede una razón al optimismo y la esperanza. Su Declaración final pone en marcha el compromiso ético de las fuerzas sanas de la humanidad, comprometidas con una vida decorosa y saludable para todas las especies que convivimos en este planeta.

Hay razones para la esperanza y el optimismo, y de ello da fe la masiva participación que hubo en la reunión de Bolivia, que culminó este 22 de abril, Día de la Madre Tierra, declarado por las Naciones Unidas, precisamente a iniciativa del mandatario boliviano Evo Morales.

El encuentro de Bolivia tendrá continuidad cuando en diciembre de este mismo año tenga lugar un encuentro similar, esa vez en Cancún, México, convocado por las Naciones Unidas. Será, al decir del Presidente venezolano Hugo Chávez “librar una nueva batalla”, quien se refirió al sistema capitalista “como causa de la debacle climática y exhortó a los pueblos a derrocarlo e implementar el socialismo como única vía de salvación de los pueblos”.

Bolivia se convirtió en la capital mundial por la salvación del planeta. Fiel a la tradición de sus antepasados, el pueblo boliviano, encabezado por su Presidente, hizo un llamado a toda la humanidad. Si deseamos que se salve el planeta, no queda otra alternativa que atender el clamor de la Pachamama.

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