Un niño y el Benny (+Audio)

En una esquina de la tarima que soportaba el movimiento escénico de los músicos, un niño -entre asombros, sorpresas y desconocidas emociones- movía la cabeza de un lado a otro como queriendo atrapar en su minúscula estatura, todo cuanto sucedía a su alrededor.

De repente, el cuerpo del infante se estremeció al verse elevado por unos brazos cobrizos y musculosos que lo zarandearon al compás de la interpretación de turno.

Luego de algunos minutos alojado en el regazo del mulato alto y bonachón, el pequeño regresó al lugar donde se encontraba, mientras el genial artista enardecido por acordes y calor humano, entonaba las primeras estrofas de «Francisco Guayabal», tema que se eternizó en los recuerdos de los espectadores.

Ya convertido hoy en hombre, no olvida la contagiosa sonrisa y el cariño del legendario intérprete. Jamás se borraron de su mente los pantalones anchos, ceñidos al cuerpo por encima de la cintura y sujetos a los hombros por tirantes, el singular sombrero y el bastón a la diestra, el cual se agitaba al compás de las melodías.

Cada vez que un nuevo octubre devuelve el bullicio de los carnavales de su terruño, y la portentosa voz del Bárbaro del Ritmo se luce por la emisora Radio Maboas en composiciones como Amor Fugaz, Te quedarás, Santa Isabel de Las Lajas, o Francisco Guayabal, la memoria devuelve la grandeza de un instante inolvidable.

Hoy cuando las reverencias y el tributo  indican que el calendario marca el nacimiento de ese grande que es El Benny, sirva esta confesión a modo de homenaje y sincera recordación, pues yo soy el niño de esta historia.

 

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