TULA, Atrevidamente grande
Parecería que podemos tomarla de la mano ahora mismo, a esta dama decimonónica, a La Peregrina camagüeyana, y barrer dos siglos, para que su elegancia nos acompañe, para que su pensamiento nos ilumine el camino.
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Parecería que podemos tomarla de la mano ahora mismo, a esta dama decimonónica, a La Peregrina camagüeyana, y barrer dos siglos, para que su elegancia nos acompañe, para que su pensamiento nos ilumine el camino.
¿Quién que es cubano no es martiano? Martí nos acompaña, nos guía, como si fuera nuestro compañero, nuestro padre, y en muchos sentidos lo es. Su magisterio ético y la hondura de su pensamiento es siempre una senda propicia a transitar, en días hermosos y en momentos procelosos.
Ella era la elegancia, la experiencia, el servicio inclaudicable. Ella llevaba la radio en la sangre, en la mirada. Creció y nos hizo crecer con ella: de copista a productora, a directora, a maestra, a leyenda. En los estudios de Radio Progreso han de quedar prendidos para siempre sus gestos, sus palabras.
Ella estaba allí cuando llegué, frente al micrófono, con las palabras. Enseguida sintonicé con su pasión, con su experiencia. Te envolvía con sus contadas, con su manera de defender lo que hacía, con su insistencia. Tengo tantas fotografías suyas, siempre rodeada de amigos.
Cuando subí los escalones, los siete pisos interminables del teatro Heredia, rumbo al salón de clases del Ballet Santiago, la radio se fue conmigo. Llegamos exhaustos, lo reconozco; pero enseguida nos recompusimos. Y… un… dos… el ensayo, la música, el gesto, la corrida.