El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos, recrudecido sin precedentes y combinado con el cerco energético y las crecientes medidas coercitivas unilaterales a entidades y personas durante el año 2026, ha impactado directamente en los sistemas de la Radio y la Televisión cubanas, principalmente en las limitaciones para la producciones de nuevos espacios, las interrupciones constantes en las transmisiones y una afectación severa a la infraestructura tecnológica que las sostiene.
Acerquémonos a algunas de estas afectaciones:
Interrupciones constantes en las transmisiones
La falta de electricidad debido al déficits de combustible en el país ha dañado significativamente los niveles de alcance y el acceso de las audiencias a disimiles espacios de la Radio y TV cubanas, ya sean los canales de alcance nacional, como los territoriales. Los molestos apagones y las caídas del SEN en varios momentos, no solo han provocado interrupciones en la programación previamente definida, sino también que los centros transmisores dependan de plantas auxiliares que no siempre pueden operar las 24 horas por falta de diésel.
De la misma forma ocurre con los estudios, cabinas y espacios desde donde se produce esa programación, donde ha sido necesario la reducción de horarios, cambios en las parrillas de programación, la reposición de espacios y centrar la prioridad en los informativos.
Las afectaciones a la Empresa Radio Cuba, que garantiza las transmisiones en todo el territorio nacional, han sido considerables, reportándose cortes sistemáticos y baja calidad de señal.
Deterioro de la infraestructura técnica y persecución financiera
Sin bien los daños del bloqueo del gobierno estadounidense durante años ha limitado la capacidad de mantener operativos un importante grupo de equipos imprescindibles para el mantenimiento y desarrollo de la Radio y la TV en Cuba, la obsolescencia tecnológica y la falta de piezas repuestos, de financiamiento y acceso a créditos se ha visto recrudecido en el actual año.
Hablamos de poder acceder a tecnologías más modernas, a lo que sumamos problemas logísticos frecuentes que se incrementan con la escasez de combustible, como la falta de vehículos para la labor habitual de producción de espacios radiotelevisivos, coberturas periodísticas e incluso, producciones de gran alcance y demanda – pero que implican mucho tiempo de realización – como los dramatizados.
Cada vez es más complejo acceder a financiamiento y tecnologías, se han cancelado servicios satelitales o se exigen formas de pago de las que no disponemos por temor de las empresas correspondientes, a represalias de EE. UU., afectándose transmisiones de carácter internacional e incrementándose los precios por determinados servicios.
La Imposibilidad de importar frena también adquirir equipos modernos y piezas para mantener los sistemas de transmisión analógica y digital y aunque se evalúan a diario y se buscan alternativas, algunas tienen un costo millonario muy complejo en momentos en que se afecta la vida cotidiana del país en toda su dimensión.
Voluntad política, resiliencia, compromiso y creatividad
Ante situaciones como estas, se ha impuesto la voluntad política del Partido, el gobierno y el Estado cubanos, quienes reconocen – en primer lugar – la importancia cada vez mayor del papel de los medios de comunicación social, en una sociedad cada vez más necesitada de información y comunicación, víctima de una guerra mediática y cultural sin precedentes.
Así se inició el respaldo con energía fotovoltaica a través de la instalación de paneles solares en emisoras de radio y telecentros y de forma indirecta, en la infraestructura de telecomunicaciones que sostiene el acceso a redes sociales e internet. La radio cubana ha sido el medio que más ha avanzado en esta transición.
Por solo poner algunos ejemplos: en provincias como Santiago de Cuba y Sancti Spíritus su sistema radial está respaldado con energía solar para áreas claves, con capacidad de transmitir incluso sin electricidad, lo cual no significa que se puedan evitar las interrupciones por diversos motivos o se puedan cubrir todos los espacios y horarios.
De la misma forma, RadioCuba instala módulos de 2 kW para los transmisores de frecuencia modulada, con planes de extenderlos a todo el país en la medida que sea posible, no solo para avanzar desde el punto de vista tecnológico, sino también garantizar la vitalidad informativa hasta en los momentos más complejos.
Telecentros como TeleCristal (Holguín) y TV Yumurí (Matanzas) ya operan también con sistemas fotovoltaicos que le permiten mantener sus transmisiones ante contingencias energéticas, lo cual deberá extenderse paulatinamente a todos los canales televisivos del país, con el respaldo directo y mancomunado de Organismos de la Administración Central del Estado y gobiernos territoriales.
Y es que el impacto va más allá de la técnica, afecta el derecho a la información y la comunicación, provoca desconexión y brechas en momentos en los que más se necesita y aunque se ha orientado a la población sobre cómo sintonizar frecuencias alternativas, hacer búsquedas reiteradas de canales, la cobertura se vuelve parcial e inestable.
El cerco energético no solo apaga los transmisores, afecta la calidad de los programas y espacios, sino que asfixia la capacidad misma de producir y distribuir la señal, obligando a las organizaciones mediáticas y sus directivos, técnicos especialistas, profesionales y trabajadores en general a operar en modo de emergencia permanente, solo superado por la capacidad de resiliencia, creatividad, compromiso, entrega y superación constante de nuestros colectivos a lo largo de todo el país.


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