Pedro Álvarez, el recuerdo de un galán de la radio y la televisión

Tal vez el último teatro que lleva a las tablas sea La isla de las cabras en 1962, antes de corresponder al llamado que le hacen sus compañeros que le otorgan su voto y lo eligen Secretario General del Sindicato Nacional de Artes y Espectáculos, en un momento importante de nuestra sociedad.

En una entrevista que publica la Revista Bohemia el 6 de abril de 1962, Pedro Álvarez, afirma Debemos desarrollar nuestro propio arte, crear un arte cubano y socialista, en beneficio del pueblo. Y agrega: No dejo de extrañar la televisión, el teatro y la radio…pero tengo que cumplir con mi deber. Espero que cuando el Sindicato esté más organizado, pueda hacer algunas presentaciones, especialmente en teatro, con alguna obra de fondo social y revolucionario, preferentemente cubana.

La primerísima actriz Verónica Lynn, comparte a su lado más de tres décadas. Entonces pienso, nadie mejor que ella para delinear su personalidad.

Verónica conoce al actor Pedro Álvarez en el año 1959. ¿Cómo lo recuerda, no solo como actor, sino al Pedro Álvarez interior, como persona?

Pedro era un hombre muy bueno, hipersensible, podías lastimarlo con una mirada. Tenía sus defectos, como todo ser humano., pero era extremadamente bondadoso, capaz de ayudar a cualquier persona. Muy buen padre y muy buen esposo.

Se dedica al Sindicato de Artes y Espectáculos casi desde el triunfo de la Revolución, o sea, de hecho renuncia a la pantalla, al teatro y la radio donde se destaca como primer actor, como galán protagónico.

Fue una etapa muy difícil, porque un hombre que su mayor aspiración en la vida era llegar a ser actor y sin embargo, ahí se resume su bondad, cuando se es capaz de hacer dejación de su profesión, porque la Revolución te llama porque es necesario que ocupes otra posición. Y él respondió y pasó al Sindicato, donde permaneció siete años en una etapa muy importante de su madurez artística. Allí le vi salir las primeras canas. A pesar que trató de combinar el trabajo del Sindicato con el de actor, cada vez se hacía más difícil y terminó por no hacer nada como actor en esa etapa, se entregó en cuerpo y alma a la tarea que le habían encomendado.

¿Ustedes trabajan juntos?

Después que termina en el Sindicato, él crea un pequeño grupo para hacer teatro, que llevábamos a las fábricas, eso fue durante años. Por ejemplo la obra La habitación 405 de Héctor Quintero, la representábamos en una fábrica. Al mes siguiente llegábamos con otra obra y la anterior se la poníamos a otro centro. Así estuvimos durante muchos años haciendo ese trabajo del arte en la comunidad, que ahora se le da tanto valor y que en aquel momento Pedro se adelantó y creó aquel grupo, donde por supuesto estaba yo, pero además Erick Romay, Cristina Palomino, Luis Alberto Ramírez, Ofelita Núñez… Después no lo pudimos continuar porque aumentaron las responsabilidades con la radio, la televisión y el teatro.

El síntoma de la enfermedad que lo condujo a la muerte días después, se le presentó cuando llevaba a la escena de Bellas Artes La pequeña tragedia, una obra escrita por él, donde alternaba el personaje protagónico con el actor Carlos Padrón y por supuesto yo participaba también. Recuerdo que cuando su médico le recomendó que no podía tener más emociones, o sea, que debía dejar de trabajar como actor y director, me dijo: La pequeña tragedia se me ha convertido en una gran tragedia.

Amó mucho el teatro y fue un excelente autor y director. Pero además fue muy bueno también como director de televisión. Siempre recordaré las aventuras en vivo, como Los Miserables, El jorobado, fueron geniales, muy difíciles y las hicieron él y Raúl Pérez Sánchez, cuando no había los recursos que existieron después.

Verónica cuando ve por la televisión en la década del cincuenta a aquel galán que hace suspirar a las jóvenes del momento. ¿Piensa en algún momento que su vida podía transitar a su lado?

No, sabes que no. Te voy a decir algo personal: a mí los hombres tan bonitos nunca me gustaron. En 1959 cuando lo conocí y después con el trato empecé a fijarme en él y a tomarlo en cuenta como hombre. Independientemente de lo bonito, que en realidad lo era, muy lindo y además es de las pocas gentes que envejecen lindos. Siempre digo que Pedro, Armando Bianchi y Omar Valdés, fueron galanes otoñales que se mantuvieron, fueron tres actores que envejecieron muy lindos y eran muy caballeros, muy distinguidos. Después de ellos no los ha habido más ni en la televisión, ni en el teatro.

Ustedes están ligados más de treinta años en el arte y en la vida. ¿Qué significación tiene Pedro Álvarez en su vida personal y artística?

Para mí Pedro fue una persona con la cual pude dialogar mucho sobre el arte, reafirmar conceptos, eliminar falsas concepciones. Es muy bueno tener una persona con la cual puedas conversar de tu profesión y un hombre que siempre piense igual, a veces disentíamos y creo que ahí estaba el encanto, para llegar a un punto de convencimiento, podíamos al final pensar igual o cada uno seguir con su criterio, pero lo importante era debatir las ideas. En cuanto a mi vida privada fue un hombre que me ayudó mucho política e ideológicamente. Hablábamos con asiduidad. Claro era monotemático: política, arte o deporte, eran sus temas casi únicos. Era difícil sacarlo de ahí. Pero nos podíamos comunicar muy bien Y yo que nunca en la vida le había tirado un hollejo a un chino, y creía que los comunistas se comían a los niños crudos, le debo a él que me iluminara y me condujera por el camino que he seguido. Para mí siempre está y estará presente.

 

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