Vicente Morín Monroy, uno de los forjadores de la radio en Cuba

Hablaremos de Vicente Morin Monroy, considerado por el historiador Oscar Luís López y reconocido así en su libro La Radio en Cuba, como uno de los forjadores de este medio en nuestro país

Vicente Morín, amante de la música, se inició como solista musical con solo 10 años en la Catedral de la Habana

Después por necesidades familiares se dedicaría a la labor de camionero y como tal, siempre alegre, mientras trabajaba lo hacía cantando. Era la época de oro de los famosos Enrico Caruso, Tito Shippa, entre otros de importancia mundial. El conocía todas sus canciones y las convirtió en su repertorio favorito.

Un día Pablo Merolle, entonces reconocido profesor y cantante, lo escuchó y es quien le facilitó dar las clases de canto de forma gratuita. Ya para 1925 se graduó con notas de sobresaliente en el Conservatorio Municipal de Música de la Habana.

Después conocería al gran comediante Alberto Garrido, quien lo invitó a recorrer la Isla como parte de su compañía y lo hizo ya profesionalmente como cantante y actor en pequeños papeles. Después trabajaría en La Habana en otra compañía.

De esta forma el año 1926 fue definitorio en su incipiente carrera artística, pues ingresó en la Compañía de Teatro Cubano, donde el maestro Eliseo Grenet dirigía el aspecto musical y lo dramático estaba a cargo de Aurelio Riancho.

Después se enroló en la Compañía de la española Rosita Lacasa, que tenía un repertorio de dramas y comedias y de nuevo comenzó a recorrer la Isla con esta Compañía.

El 29 de septiembre de 1927 debutó en el Teatro Regina, la Compañía
de Ernesto Lecuona. En la primera tanda, se presentó la obra La tierra de Venus. En esta primera función y junto a Rita Montaner cantó Siboney, La canción de la Rosa, La gitana del amor… Ese fue el día, en la segunda tanda, que nuestra Rita Montaner interpretaría al calesero de la gran obra de Lecuona Niña Rita.

Después a Morín lo contrataría de nuevo el maestro Eliseo Grenet para que formara parte de una Compañía que recorrería varios países de América Latina, con una revista titulada Cubanacán.

En 1929 Morín está otra vez  en La Habana y después de presentarse de nuevo por la isla, durante 10 meses, con un dúo que hizo con la tiple Dulce María Mora, llegó al Teatro Alhambra para trabajar en la Compañía del español Agustín Rodríguez, con el que hizo la obra Madre, que cosa es amor. Se trataba  de un punto cubano con su propia letra y música.

En ese año pasó definitivamente a trabajar en el Alhambra. De esa época se recuerdan obras como el estreno del blue con música del maestro Jorge Anckermann titulado Piernas al aire.

También con música de Anckermann, la obra de Pepín Rodríguez, El hijo de madame Butterfly, donde Morín cantó por primera vez Princesita. En otra obra que unió a Pepín  Rodríguez y a Anckermann, titulada Agustina de Aragón, estrenó Jota aragonesa.

Cuando todavía trabajaba en el Teatro Alhambra, en 1931, el maestro Moisés Simons se lo llevó a España a estrenar su zarzuela El collar de la Merced, zarzuela que no fue posible presentar por la caída de la Monarquía en España.

De retorno en La Habana, Morín continuó trabajando en el Teatro Alhambra, hasta 1932, que fue contratado por el Teatro Martí, donde interpretó durante 37 noches, el personaje de Leonardo Gamboa, en la gran obra de Cirilo Villaverde, Cecilia Valdés, que el maestro Gonzalo Roig llevó a una de sus famosas Zarzuelas.

Estando en la Compañía de José Sanabría, fue que conoció al ex industrial Amado Trinidad, que se había propuesto fundar la CMHI Cadena Azul en Santa Clara. Amado cuando lo oyó cantar puntos cubanos y guajiras le propuso que fuera el protagonista de Pepe Cortes, una serie episódica, que tenían programada para la apertura de la emisora santaclareña,  lo que se llevó a efecto el 20 de mayo de 1939.

Casí enseguida, el 26 de agosto del propio año salió al aire esta serie Pepe Cortés, el bandolero romántico, creada por Aramís del Real. Y aunque el autor deseaba otro protagonista, Amado Trinidad, defendió su proposición de Vicente Morín, porque le parecía que su canto tan cubano se iba a identificar más con el pueblo de Cuba.

Así llegó a la radio uno de sus forjadores Vicente Morín Monroy, montado sobre su caballo Relámpago que también se hizo famoso entre los oyentes del novedoso medio que se oía en gran parte de la isla. Todavía los que eran adolescentes en esa época recuerdan el tema de presentación en la preciosa voz de Vicente Morín:

Yo robo a cualquier hora
Y lo hago con placer
Porque es para proteger
Al que sufre y al que llora,
al que la fiebre devora,
Al que está desesperado.
Al que vive abandonado
En la vida y los excesos,
Para proteger a esos
Yo robo al acaudalado.

Estas décimas las escribía Clavelito, a partir de las tonadas que le indicaba Morín y era acompañado a la guitarra por Eduardo Saborit.

Cinco meses estuvo Morín protagonizando en la Cadena Azul de Santa Clara a Pepe Cortés, el bandolero romántico, donde cantaba y actuaba y el programa se ubicó en los primeros lugares. Pero tuvo divergencias con Amado Trinidad y aceptó el contrato que le ofreció la habanera CMQ de Monte y Prado, la emisora más importante en ese momento.

En la CMQ Morín comenzó en dos programas estelares de la época, El Guajiro solitario, que protagonizado Otto Sirgo. También se incorporó al famoso Rincón Criollo y hacía las controversias con Clavelito y Coralia Fernández

Como este último programa se hacía con público en el estudio, cuando era necesario bailar un zapateo, también lo hacía con Sol Pinelli que era la protagonista femenina.

Pero los mayores aportes al desarrollo de la radiodifusión vendrían precisamente a partir de los años iniciales de la década del 40. Porque ya se venían abriendo paso los programas dramatizados y se utilizaban, con muchas limitaciones, los efectos de sonido grabados.

Fue entonces cuando hablaron con Vicente Morin y le explicaron la idea de crear la plaza de operador de efectos manuales, con lo cual los dramatizados, que ya se imponían en CMQ, adquirirían mayor calidad y se podrían crear efectos especiales de acuerdo a lo que pidiera el libreto.

Fue así como enamorado de la idea Vicente Morín, se dio a la tarea de crear las bases teóricas y prácticas y escribió un manual sobre efectos sonoros, donde explicaba detalladamente la forma de crear tales efectos.

De hecho se convirtió en el operador de efectos estrella de la CMQ.

Me dijo esa gran personalidad y amigo, Manuel Villar, fallecido hace pocos meses, que interesado por la actividad una vez lo encaminaron hacia CMQ, para que recibiera una clase práctica en el momento que Morín hacía los efectos de un programa muy complejo y en vivo, nada menos que las Aventuras de Tarzán y me aseguraba Villar, que en vez de mirar hacia Morín, él quedó tan admirado, tan sorprendido, que por un momento se sintió en la selva junto al rugido de las fieras, con Tarzán, Juana y Tarzanito, que por cierto lo hacían maravillosamente Enrique Santisteban, Marta Jiménez Oropesa y Bernardito Menéndez, hijo.

Vicente Morín, ocupó el cargo de Jefe de Efectos Manuales de la CMQ, la emisora más importante de Cuba, hasta que se jubiló el 30 de junio de 1961, a la edad de 69 años.

Durante décadas se estuvieron usando en CMQ, más tarde, Radio Liberación, los aparatos ideados y confeccionados por Morín, pero lo más importante, dejó su legado por el que continuaron después todos los técnico-artistas, los Operadores de Efectos de Sonido, que tan dignamente, con su trabajo, han embellecido la obras dramáticas de la radiodifusión en Cuba.

Sirva este modesto recordatorio, para rendirle un pequeño homenaje a este indiscutible forjador de la radio en Cuba.

NOTA

VICENTE MORIN  MONROY: NACION EN LA HABANA 31 DE MARZO DE 1902

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