¡150 millones…!

La cifra expuesta no corresponde, precisamente, a una cuenta bancaria que posee cualquier millonario de este mundo. Todo lo contrario: para vergüenza de la humanidad se trata de 150 millones de niños que ejercen el trabajo infantil. Unos podrán calificar tal verdad como un insulto a la dignidad, otros de muy diversa manera, pero lo real de tal espanto se muestra, repugnante y altiva ante la vista de gobiernos, organizaciones religiosas y de derechos humanos e incluso ante la propia ONU.

Transcurren los años y, lejos de disminuir la cruel cifra de infantes trabajadores, aumenta en clara ofensa a este mundo. Todo esto sucede a pesar de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha recalcado que el trabajo infantil afecta el desarrollo de estas infelices criaturas, y hasta pone en riesgo sus vidas; e incuestionablemente señala la pobreza como la causa principal del problema; ¡Claro, no se descubre nada nuevo!

Y por supuesto, el gran capital, como siempre, es el culpable, porque requiere de mano de obra barata, como bestia voraz que nunca satisface sus apetitos. Por tanto, necesita de la ignorancia y la desesperación de seres con los cuales ahorran muchos dólares para su beneficio exclusivo.

¿Quiénes son los desdichados? Los niños, y hasta niñas para abusar de ellas sexualmente. Entonces, como es posible la duda de que son ellos los que ni siquiera tienen derecho a integrar civilizadamente la lista de humanos, porque ni siquiera cuentan con una certificación que muestre su existencia. Pero que nadie piense que con lo señalado ha terminado tanta afrenta. Una gran mayoría no conoce una escuela, ni un médico, ni un simple juguete; pueden estar comidos por parásitos, o enfermos, pero a los efectos del empleador eso no tiene la menor importancia.

El sabe muy bien que su poder se erige sobre las espaldas de los más humildes. Es, definitivamente, un mundo de fieras que el capitalismo ha creado. Los sentimientos humanos no importan, solo los millones que engrosen su cuenta bancaria.

En ese mundo injusto hay dinero para las guerras con abultados presupuestos que pueden llegar a billones; para el consumo de artículos de lujo; para comidas especiales y adornos para mascotas; para mantener programas de televisión que mantengan en alto a su odioso sistema del gran capital y, sobre todo, para que olviden y no les pueda interesar causas y efectos, todo con la utilización del entretenimiento más estúpido y soez concebible, destinado para que los explotados permanezcan deslumbrados por el sueño americano o cualquier otro sueño que los inciten como droga a pertenecer a ese mundo; además de conocer chismes de alcoba, el último grito de la moda etc; pero jamás algo que tenga que ver con la cultura, el arte en general, los grandes patriotas, los adelantos de la ciencia y cualquier otro aspecto de la parte noble de la vida.

En definitiva, para que no comprendan por qué estamos al borde de un abismo, consecuencia directa de lo que sucede en los conflictos Rusia-Ucrania o China-Taiwán. Es decir, convertir en victimarios a Rusia y China y, consecuentemente, se entienda que la intervención de Estados Unidos en el conflicto es para “salvaguardar la democracia y el respeto a los derechos humanos”

En cierta ocasión José Luis Centella, Secretario General del Partido Comunista de España, definió magistralmente a Estados Unidos: “Un sistema, en definitiva, que ha demostrado que no solo no es capaz de resolver los problemas de la humanidad, si no que el mismo se convierte en el problema de la humanidad”.

Por eso insistimos una y otra vez en la necesidad imperiosa de mantener la lucha porque no hay alternativas posibles; no será con ruegos y llamados a la concordia entre gobiernos, solo es posible golpeando con inteligencia para enterrar tanta injusticia y sobre todo para que no hayan niños al servicio de la injusticia.

Autor: Silvio J Blanco

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